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sábado, 28 de agosto de 2021

Envolver comida en papel aluminio es un gran error.

 

Envolver comida en papel aluminio es un gran error.



En la cocina, para que no haya daños colaterales, cada cosa debe tener su lugar y también su función. Equivocarse puede tener consecuencias. Por ejemplo, el papel de aluminio es estupendo para hornear pero, si te sales de ahí o te excedes en su uso, se puede convertir en un artículo de cocina potencialmente tóxico.

A primera vista puede parecer perfecto para tapar las sobras de comida que has metido en una fiambrera o volcado en un plato. Para la mayoría de las personas esta es una forma fácil y rápida de almacenar alimentos en el refrigerador. Estoy de acuerdo en que es fácil, cómodo y rápido, pero nada seguro. De hecho, yo diría que es una manera fácil de jugarse el tipo, bueno, en este caso, el estómago. 

El papel de aluminio no aísla completamente a la comida de la atmósfera que la rodea, y si envuelves los alimentos cocinados con papel de aluminio y los dejas a temperatura ambiente durante más de dos horas, las bacterias crecerán con rapidez, contaminando la comida y poniendo en peligro tu salud. 

Esto sucede por varios motivos. Por un lado, al igual que necesitamos aire para respirar, las bacterias necesitan aire para prosperar. Por lo tanto, si tapas una comida caliente con papel de aluminio, como el material no se sella por completo y deja que pase aire al interior, las bacterias pueden prosperar rápidamente. Y luego, en caso de consumirla, corres el riesgo de sufrir una intoxicación alimentaria.

Por otro lado, hay ciertas temperaturas donde las bacterias pueden prosperar fácilmente:

  • En Fahrenheit, está entre 40 y 140 grados.

  • En grados Celsius, está entre 5 y 60 grados.

Por eso es tan importante conservar los alimentos del modo adecuado, pero también a la temperatura adecuada ya que a las bacterias no les gustan los entornos donde hace demasiado calor o demasiado frío. De ahí que fuera de su rango de temperaturas preferidas, las bacterias simplemente no pueden replicarse y no crecerán.

Sin embargo, también hay que tener en cuenta que algunas bacterias como el estafilococo y el Bacillus cereus, que causan enfermedades transmitidas por los alimentos, producen toxinas que no se destruyen con las altas temperaturas a las que se cocinan los alimentos.

Todos estos factores influyen en el desarrollo de las bacterias que causan las intoxicaciones alimentarias. El primer paso para evitarlas es aprender a conservar bien los alimentos. En este sentido, lo ideal es utilizar materiales que no permitan pasar el aire o recipientes herméticos. Fíjate bien en su capacidad y trata de ajustar el tamaño a la cantidad de comida que haya sobrado. Y ya que estás, opta por recipientes poco profundos para acelerar el proceso de enfriamiento y evitar que las bacterias entren en los alimentos.

A veces no es fácil detectar estas toxinas porque los alimentos contaminados pueden presentar una apariencia normal, ya que tanto su aspecto, como su sabor y olor pueden no alterarse.

La carne, la leche y los productos lácteos son los más delicados, pero también debes extremar las precauciones con otras preparaciones, como las salsas. Y es importante saber que las toxiinfecciones alimentarias (TA) “dependen tanto del tipo de alimento y de los hábitos de consumo, como de su producción” señala María Santos, microbióloga clínica y miembro de la Asociación de Microbiología y Salud (AMYS).

Como en España el consumo de pollo es elevado, solemos asociar las intoxicaciones a este producto. Pero no hay que olvidar que los alimentos más comunes asociados a los brotes de TA son “los huevos, carnes –vaca, aves, cerdo-, leche, verduras, frutas, verduras, moluscos y agua”, remarca la doctora. Además, los productos de repostería, los embutidos y las hortalizas también pueden ser el origen de algunas intoxicaciones alimentarias como la Salmonella.

Tal y como apunta la agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan), para evitar las enfermedades provocadas por una inadecuada manipulación o conservación de los alimentos debemos adoptar algunas precauciones. Estas tres hacen referencia a las sobras de comida, y si las cumples, tienes mucho ganado:

  1. Evita el contacto entre los alimentos crudos y los cocinados. Un alimento cocinado puede volver a contaminarse por contacto con los alimentos crudos o con objetos que anteriormente hayan contactado un alimento crudo (cuchillos, tablas, superficies, trapos, etc.). El trapo de cocina o la bayeta puede ser un excelente vehículo de contaminación. 

  2. Por mucho que quieras aprovechar, no siempre es posible aprovechar sobras de una comida anterior, pero si decides hacerlo, calienta las sobras a la temperatura máxima antes de tomarlas.

  3. Asegúrate de poner la comida en el refrigerador dentro de las dos horas siguientes al cocinado, antes de que las bacterias tengan tiempo de causarle estragos. Desecha cualquier alimento que haya estado reposando más de dos horas.

  4. Es importante congelar o tirar las sobras refrigeradas en un plazo de 3 a 4 días. Si no estás seguro de cuánto tiempo han estado tus sobras en la nevera, no te arriesgues. En caso de duda, ¡deséchelas!

Por cierto, si te sobra comida en abundancia: "lo más inteligente sería dejar una porción en la nevera (pensando en un consumo más o meno inmediato) y luego, dividir el resto en porción individuales en recipientes herméticos y guardarlas en el congelador", explica a TheHealthy la dietista de la Clínica Cleveland Lindsay Malone.

De todo lo que te hemos contado hasta ahora, lo más importante es quedarse con la regla de oro para conservar bien los restos de comida: guardar las sobras en un táper hermético y poco profundo, y meterlo en la nevera antes de que pasen dos horas.

Existe otro motivo por el que no debes usar el papel de aluminio para envolver alimentos calientes. Según la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (EFSA), el papel de aluminio es capaz de transmitir pequeñas cantidades de este metal a los alimentos con los que entra en contacto. 

Sobre todo, cuando la receta en cuestión incluye unos ingredientes específicos como los vegetales, el vinagre, los cítricos, los frutos secos, la cerveza o las carnes y pescados procesados. El calor al que se somete a estos platos podría hacer que se produzca una filtración o migración de partículas (del papel a la comida) que pueden quedarse adheridas a los tejidos del organismo y provocar casos aislados de Alzhéimer, infertilidad e incluso cáncer, aunque normalmente son cantidades "insignificantes", y tendría que haber un nivel de exposición desmesurado para que se produjera dicho daño.

En concreto, la EFSA recomienda que no se ingiera más de un miligramo de aluminio por semana y por kilogramo de peso corporal. Por lo tanto, si el peso de una persona es de 70 kg, no debe ingerir más de 70 miligramos de aluminio.

Esta cantidad sólo se ingeriría si se utilizara papel de aluminio con alimentos particularmente ácidos o salados, ya que estas sustancias pueden liberar aluminio del papel a través de una reacción química. Por tanto, al evitar estos alimentos, no se plantearía este problema.

Con respecto a este último punto creo que lo esencial es quedarse con la idea de que los alimentos ácidos y salados son un caso especial cuando se utiliza papel de aluminio. Si estos alimentos entran en contacto con el papel de aluminio, éste puede descolorarse visiblemente y el aluminio puede desprenderse. Como resultado, puede pasar un poco más de aluminio de lo habitual a los alimentos. Todos los demás alimentos pueden envolverse y cocinarse en papel de aluminio de forma bastante segura, ya que no liberarán niveles perjudiciales de aluminio del papel.

martes, 24 de agosto de 2021

Cómo evitar que las bacterias campen a sus anchas en tus toallas.

 

Cómo evitar que las bacterias campen a sus anchas en tus toallas.



Puede que no te lo hayas planteado con seriedad este tema por consideras que no está dentro de las tareas cotidianas de suma importancia, y lo entiendo, pero este hábito de limpieza es básico para evitar que las bacterias campen a sus anchas por tu cuarto de baño. Más ahora, en verano, que la mayoría nos pasamos el día a remojo; los más afortunados entre la piscina y la playa, y los menos, con duchas frecuentes de agua y jabón. 

Además, si convives con niños y adolescentes habrás notado que suelen dejar las toallas de cualquier manera, tiradas encima de la cama o en cualquier rincón sin preocuparse de sacudirla o colgarla al sol para que se seque bien. No digamos ya de las discusiones de pareja o entre hermanos que se generan por el tema del uso compartido de las toallas. 

Pero centrémonos en la frecuencia del lavado de toallas, que es otra de esas cosas que divide incluso a las familias más bien avenidas. Algunos creen que deberían cambiarse después de cada uso, mientras que otros juran que pueden sobrevivir durante semanas sin un lavado. Solo usas la toalla después de limpiarte en la ducha, por lo que no puede ensuciarse demasiado, ¿verdad?


Pues no, el hecho de que la toalla parezca limpia después de usarla no significa que los gérmenes no puedan adherirse a ella. En realidad, deberías lavarla cada tres o cuatro usos o una vez a la semana como mínimo. Eso si estamos hablando de una toalla de baño común, y en circunstancias normales. Pero por ejemplo, las toallas de mano deben cambiarse cada dos días porque se usan con más frecuencia y por varias personas. Por supuesto, si te duchas en el gimnasio y metes tu toalla en la bolsa, ¡cuidado! La humedad es un caldo de cultivo para las bacterias y otros gérmenes, así que tendrías que lavarla todos los días, según la Clínica Cleveland.

¿Exageración? Para nada, una toalla común puede tener hongos, moho y bacterias E. coli creciendo en ella. Aunque el agua ayude a eliminar una parte, otras se quedarán y se transferirán a la toalla durante el secado posterior a la ducha. Nuestro cuerpo produce constantemente sudor, células de piel muerta, ácaros y otros agentes patógenos, y gran parte de esto se puede transferir a las toallas.



Eso sin mencionar otras posibles suciedades corporales y la que se puede acumular con el tiempo, incluidos los restos de moco, caspa, maquillaje y productos de belleza. Todos estos elementos juntos en un baño cerrado y lleno de vapor hacen que las toallas sean particularmente vulnerables a la acumulación de bacterias.

Y si te preguntas qué podría pasar, deberías saber que usar unas toallas sucias tiene ciertos riesgos para la salud, ya que pueden propiciar la aparición de infecciones, erupciones y sarpullidos en la piel como eccemas, granos e incluso brotes de acné. También pueden ser la causa de hongos en las uñas de los pies, pie de atleta, tiña inguinal o verrugas. Además, como ya sabrás, se puede contagiar fácilmente el resfriado común y otras infecciones compartiendo toallas sucias. Así que si alguien de su familia está o ha estado enfermo, es mejor reemplazar la toalla después de cada uso para prevenir la propagación de bacterias.

El modo correcto de lavarlas:

  • Lava a alta temperatura (60 grados o más), pero lee la etiqueta para estar seguro. Si puedes, usa un programa con agua caliente y añade un chorrito de lejía si huelen mal o están muy sucias. ¡Solo en las toallas blancas!

  • Utiliza detergente para piel sensible, poco por favor. Usar demasiado jabón podría causar una acumulación que limita la absorción. Y evita poner suavizante u otros productos perfumados para evitar la irritación.

  • Para que queden mullidas y suaves, puedes usar suavizante, pero añádelo a cada tercer o cuarto lavado para evitar que se acumule. Si prefieres una alternativa más natural, agrega un cuarto de taza de vinagre blanco. Así conseguirás eliminar el detergente acumulado, y las toallas recuperarán gran parte de su suavidad original.

  • No llenes el tambor hasta los topes. Sobrecargar la lavadora hace que la ropa se lave peor y dificulta el enjuagado. Con menos cantidad mejor es el lavado.

  • Si retienen olores desagradables, primero, lava las toallas con media taza de bicarbonato de sodio sin detergente, luego vuelve a lavar las toallas con detergente. El bicarbonato de sodio tiene un efecto parecido al suavizante, con la ventaja de que elimina los olores (el suavizante no los elimina, los camufla con perfume).

  • No dejes las toallas en la lavadora mucho tiempo para evitar la formación de bacterias.

  • Si tienes espacio es recomendable que la ropa se seque a temperatura ambiente, cuélgala en vez de meterla en la secadora. El calor de ésta degrada los tejidos a una velocidad que ni te imaginas.

  • Si no tienes más remedio que usar secadora, una vez que estén lavadas, agita y coloca las toallas en la secadora junto a las bolas de secado (como éstasdiseñadas especialmente para suavizar la ropa y evitar las pelusas mejorando el flujo de aire en la secadora. Las pelotas de tenis nuevas también funcionan, pero algunas pueden desteñir o dejar olor a goma. Para evitarlo puedes rociar unas gotas de aceite esencial en las bolas de secado.

  • Si las toallas son nuevas debes lavarlas siempre antes del primer uso, agregando media taza de vinagre blanco al ciclo de enjuague durante el lavado inicial.

  • Por último, tiende las toallas bien estiradas y al sol, si es posible. Para evitar el olor a humedad, asegúrate de que las toallas están completamente secas antes de doblarlas y guardarlas.

Recuerda, cada uno debe ser tener su propia toalla persona e intransferible, una para el cuerpo y otra solo para el rostro. Acuérdate también de mantener unas mínimas normas de higiene, como no dejarla mojada y arrugada, para que no acumule humedad, y lavarla con mucha más frecuencia.

lunes, 5 de julio de 2021

EL VERANO FRENA EL CONTAGIO DEL CORONAVIRUS EN UN 40

 

EL VERANO FRENA EL CONTAGIO DEL CORONAVIRUS EN UN 40%


Según un nuevo análisis, el coronavirus es mucho más contagioso en invierno que en verano, lo que explicaría la segunda ola y por qué los casos han descendido tanto en todo el mundo

En verano, el SARS-CoV-2 es hasta un 40% menos contagioso que en invierno, según las conclusiones de un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford en colaboración con el proyecto EpidemicForecasting.org, que utiliza modelos informáticos para analizar y predecir la propagación de epidemias.

El estudio, que ha aparecido en preimpresión en medRxiv, y está a falta de revisión por pares, ha evaluado los datos de 143 regiones de Europa para separar la influencia estacional de otros factores como las máscaras y las restricciones de contacto.




Según los resultados, el efecto estacional sería casi el doble de fuerte de lo que se pensaba. El efecto del verano es comparable a las medidas más eficaces contra la propagación del virus, como la distancia social y las mascarillas. Sin embargo, estas medidas combinadas entre sí siguen teniendo un efecto  mayor que el verano.

El calor del verano no es suficiente por sí solo para detener la propagación del virus

Además, el grupo de trabajo señala que el efecto estacional por sí solo no es suficiente para detener la propagación en verano: si hay muy poca gente inmune y al mismo tiempo no se toman medidas para contrarrestarla, también habrá brotes en verano.

EN EL VERANO SIGUE HABIENDO RIESGO

Incluso al principio de la pandemia, los expertos habían asumido que el SARS-CoV-2 se propagaría peor en verano, de forma similar a otros patógenos respiratorios. Sin embargo, determinar el tamaño del efecto no es sencillo, ya que las intervenciones contra el virus conocidas como intervenciones no farmacéuticas (NPI) sesgan los datos.

Una revisión reciente concluyó que las pruebas disponibles hasta la fecha son demasiado contradictorias como para demostrar con seguridad una relación entre el clima y la transmisión del coronavirus. Otro problema es que no está nada claro por qué muchos patógenos respiratorios son tan estacionales.

Entre las posibles razones se encuentran la reducción de la transmisión de aerosoles y de la radiación UV que destruye los virus en el exterior, así como la humedad del aire o las fluctuaciones estacionales del sistema inmunitario humano. Es de suponer que varios de estos factores influyen, y son difíciles de separar del resto de medidas que se han tomado para frenar el contagio.

¿HABRÁ OTRA OLA EN OTOÑO?

Sin embargo, la cifra de alrededor de un 40 % de diferencia en el número de reproductores determinada por el equipo podría explicar bien varios fenómenos. El número es lo suficientemente bajo como para que a pesar del clima se produzcan brotes en verano y en las regiones tropicales, que se han observado ya.

Al mismo tiempo, el efecto suficientemente fuerte para que el cambio de estación haga que las medidas contra el contagio que funcionan en verano dejen de ser suficientes cuando llegue el mal tiempo, lo que provocaría una nueva ola de  supere al resto de las medidas.  podría superar el NPI suficiente en verano y desencadenar una nueva ola de infección. Esto explicaría la segunda ola que se produjo en Europa el pasado otoño de 2020.


martes, 22 de junio de 2021

Proceso, casos, plazos: preguntas y respuestas sobre la ley de eutanasia.

 

Proceso, casos, plazos: preguntas y respuestas sobre la ley de eutanasia.



El modelo español difiere de los existentes en los otros países que la han regulado. Aquí están las claves del texto que entra en vigor el 25 de junio


El viernes 25 de junio entra en vigor la ley de eutanasia que aprobó el Congreso en marzo. España es uno de los pocos países que regula la ayuda para morir, junto a Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Canadá (Nueva Zelanda tiene aprobada una ley que aún no está en vigor, y en Colombia el Constitucional aprobó la práctica, pero no ha habido el correspondiente desarrollo legal). Además, el PSOE, que fue el partido que, con Unidas Podemos, promovió la ley en las Cortes, optó por un modelo nuevo, con varios pasos y controles, que se aleja de lo ya conocido de los otros países, donde, básicamente, basta con que el médico del paciente consulte con otros dos facultativos que el enfermo cumple los requisitos para que se le aplique la eutanasia. Todo ello suscita muchas preguntas. Estas son las respuestas a algunas de ellas, basadas en parte en las dudas que han trasladado lectores de EL PAÍS a través de Instagram.


¿Cómo es el proceso para solicitar la eutanasia?



La gran novedad de la ley española está en el proceso, largo (puede llevar más de un mes) y con varios puntos de control. El primero es el del médico que esté atendiendo al paciente por la enfermedad o situación que le lleva a pedir la eutanasia. Este deberá informarle de su estado y alternativas médicas y ayudas sociales (para la dependencia, por ejemplo). Deberá tener tres entrevistas con el paciente: la primera, cuando este le solicite la eutanasia; la segunda, en 48 horas, para “un proceso deliberativo sobre su diagnóstico, posibilidades terapéuticas y resultados esperables, así como sobre posibles cuidados paliativos”. Un día después, se volverán a ver para que el paciente ratifique su voluntad.


A continuación, el médico responsable deberá pedir la opinión a otro, llamado en la ley consultor, “con formación en el ámbito de las patologías que padece el paciente y que no pertenece al mismo equipo del médico responsable”. Este tendrá 10 días para evaluar la situación. Lo que decida se comunicará al paciente y, en su caso, el médico responsable llevará la petición a la Comisión de Garantía y Evaluación de su comunidad.

El presidente de la comisión tiene dos días para nombrar a dos miembros de esta, un médico y un jurista, para que evalúen la situación. Tendrán para ello siete días naturales. Después, el presidente de la comisión comunicará al médico responsable que puede seguir adelante (o no). Hay dos días para este paso.


A partir de ahí el médico debe comunicar al paciente que el proceso sigue adelante. Si este está consciente, deberá confirmar que es lo que quiere. No hay plazo establecido en la ley (puede que lo haya en otras regulaciones posteriores) para aplicar la eutanasia o facilitar el suicidio. Estas son las líneas generales de la regulación, pero puede interesar tener más detalle de algunos aspectos.

¿A qué personas se le puede aplicar?

La ley establece que tienen derecho a recibir ayuda para morir las personas mayores de edad, españolas o con residencia acreditada (permiso o padrón) de más de 12 meses, y que sufran “una enfermedad grave e incurable o un padecimiento grave, crónico e imposibilitante [...] certificado por el médico responsable”.

¿Quién es el médico responsable?

Se define como el “facultativo que tiene a su cargo coordinar toda la información y la asistencia sanitaria del paciente, con el carácter de interlocutor principal del mismo en todo lo referente a su atención e información durante el proceso asistencial”. Fuentes del Ministerio de Sanidad confirman que se trata del especialista que esté a cargo en ese momento del paciente, y que puede ser de cualquier especialidad, hospitalaria o de primaria, de la sanidad pública o la privada.


¿Y las comisiones de control?

Cada comunidad formará una Comisión de Evaluación y Control, que debe autorizar primero y revisar después el ejercicio de la ayuda a morir. La ley deja libertad a cada autonomía para formarla y regular su funcionamiento, aunque Sanidad trabaja con ellas para darles cierta homogeneidad. Solo es obligatorio que tengan “un número mínimo de siete miembros entre los que se incluirán personal médico, de enfermería y juristas”. Javier Velasco, presidente de Derecho a Morir Dignamente, cree que esta libertad puede hacer que las comunidades con gobiernos de derechas nombren miembros que pongan muchos impedimentos para la eutanasia y anuncia que estarán atentos para denunciarlo.

¿Se pueden recurrir las decisiones?

Hay dos niveles de apelación. Si el médico responsable niega que se cumplen los requisitos para recibir la ayuda a morir, se puede acudir a la comisión de control. Si es esta la que lo rechaza, “podrán ser recurridas ante la jurisdicción contencioso-administrativa”.

¿Pueden negarse los médicos a aplicar la eutanasia?

Los sanitarios para los que las prácticas recogidas en la ley (eutanasia o ayuda al suicidio) “resultan incompatibles con sus propias convicciones” podrán acogerse a la “objeción de conciencia sanitaria”. La ley no establece cómo se regula esta, si hay que manifestarse objetor a priori. Fuentes de Sanidad afirman que se está trabajando con las comunidades en un Manual de buenas prácticas que establecerá cómo funcionará el registro de objetores. Si el médico que atiende al paciente es objetor, el paciente podrá pedir en el hospital o el centro de salud que el proceso lo lleve otro. Lo que no puede suceder es que por falta de profesionales disponibles no se le atienda la demanda. Se evitará que “el acceso y la calidad asistencial de la prestación puedan resultar menoscabados por el ejercicio de la objeción de conciencia sanitaria o por el lugar donde se realiza”.

¿Qué opinan los profesionales?

La Organización Médica Colegial, por medio de los miembros de su junta directiva, se ha manifestado en contra de la ley, básicamente por dos motivos. Uno es el deontológico: desde el juramento hipocrático de hace 3.000 años hasta ahora, uno de los puntos de todos los códigos de la profesión es su compromiso con no hacer daño al paciente. El otro podría llamarse de oportunidad, ya que reclaman que antes haya un desarrollo completo de los cuidados paliativos (hay reconocidos bioéticos como Jacinto Bátiz que afirman que con ello desaparecería la demanda de eutanasia), y critican que la ley se haya tramitado en plena crisis pandémica sin haberles consultado. Pero no hay una encuesta reciente que permita saber qué piensa el conjunto de los profesionales. Lo más parecido fue una consulta hecha en 2018 por internet en el Colegio de Médicos de Bizkaia (el proceso lo avaló la Universidad del País Vasco) que, con un margen de error del 5%, dio como principal resultado que el 67% de los que respondieron creía “con toda seguridad” que debería regularse la eutanasia, más otro 19% que “creía que sí”, pero no estaba “completamente seguro” (un 86% de aceptación en total). Al año siguiente, los colegios médicos de Madrid, Tarragona y las Palmas, y el de enfermería de La Rioja, replicaron el estudio con resultados muy similares.

¿Con qué enfermedades se puede pedir la eutanasia?

No hay un catálogo de dolencias, ni físicas ni psíquicas, que justifiquen la aplicación de la eutanasia. La ley solo pone como condición que se trate de situaciones que lleven asociadas “un sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable para quien lo padece, existiendo seguridad o gran probabilidad de que tales limitaciones vayan a persistir en el tiempo sin posibilidad de curación o mejoría apreciable”, o enfermedades graves e incurables que originen “sufrimientos físicos o psíquicos constantes e insoportables sin posibilidad de alivio que la persona considere tolerable, con un pronóstico de vida limitado, en un contexto de fragilidad progresiva”. La doble descripción, según la ponente socialista, María Luisa Carcedo, se debe que que la primera parte de la formulación, la de las situaciones, cubriría, por ejemplo, el caso de Ramón Sampedro, que no tenía ninguna enfermedad, pero al que su parálisis le causaba una situación que él consideraba intolerable. La segunda, la de las enfermedades, se ajusta más a situaciones como las de José Antonio Arrabal o María José Carrasco, con patologías terminales sin remedio que les abocaban a un final que les angustiaba.

¿Y con situaciones como una depresión?

La regulación es la misma: que el paciente considere que el sufrimiento que padece es insoportable, y que los médicos, empezando por su psiquiatra, crean que se trata de una situación sin mejoría posible en el tiempo, sin posibilidad de curación.

¿Dónde se llevará a cabo la eutanasia?

Una vez que la comisión de evaluación notifica su aprobación, la práctica se puede llevar a cabo en un centro público, uno privado o en el domicilio del paciente, idealmente a voluntad de este.

¿Cómo convive con el testamento vital?

Este documento adquiere una gran importancia en este modelo. Si el paciente está consciente y en posesión de sus facultades y puede comunicarse por cualquier medio durante el proceso, no determina nada. Pero si el paciente no cumple algunos de esos factores (por ejemplo, entra en coma), el testamento vital es el documento por el que deben guiarse los médicos. La ley está toda pensada para que la voluntad del paciente sea la única guía. Si una persona está o queda por ejemplo inconsciente o incapacitada, no importa lo que piensen sus familiares o tutores. “El médico responsable está obligado a aplicar lo previsto en las instrucciones previas o documento equivalente”, dice la ley. Si la persona estuviera en una situación de incapacidad y no se hubiera nombrado representante, “el médico que lo trata podrá presentar la solicitud de eutanasia. En tal caso, dicho médico estará legitimado para solicitar y obtener el acceso al documento de instrucciones previas, voluntades anticipadas o documentos equivalentes” para, si era voluntad de paciente, iniciar el proceso. En varias webs, como la de derecho a Morir Dignamente o algunas consejerías de Sanidad, hay modelos de formulario para rellenar un testamento vital, y existen registros autonómicos, pero lo más seguro para que se cumpla es asegurarse de que se incluye en la historia clínica y que alguien de confianza tiene una copia.

¿Cómo será el momento final? ¿Con qué se provocará o facilitará la muerte?

La ley no detalla cómo proceder en el momento final. Sí dice que, si se trata de una eutanasia, “el médico responsable, así como el resto de profesionales sanitarios, asistirán al paciente hasta el momento de su muerte”. Si se trata de un suicidio, “el médico responsable, así como el resto de profesionales sanitarios, tras prescribir la sustancia que el propio paciente se autoadministrará, mantendrá la debida tarea de observación y apoyo a este hasta el momento de su fallecimiento”. Los medicamentos a usar y otros detalles estarán en el Manual de buenas prácticas, afirman fuentes de Sanidad.





jueves, 10 de junio de 2021

¿Está afectando la pandemia a la salud mental de nuestros hijos?

 

¿Está afectando la pandemia a la salud mental de nuestros hijos?


Los pediatras alertan de que la incertidumbre o el abuso de pantallas, entre otros, son algunas de las causas que han aumentado las consultas por depresión o ansiedad entre los niños durante esta pandemia.


Los nuevos locos años veinte serán la consecuencia de los problemas de salud mental de los adolescentes que han desarrollado durante la pandemia. El aumento de consultas por ansiedad, depresión y autolesiones preocupa a los pediatras españoles que hacen un llamado para alertar sobre la salud emocional de los menores. La pandemia de la covid-19 ha generado una gran cantidad de consecuencias sobre la salud de la sociedad. No obstante, las primeras etapas son especialmente vulnerables, debido a los múltiples cambios que tienen los niños en cortos periodos de tiempo.

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Las repercusiones de la pandemia en la salud mental de niños y adolescentes es uno de los temas más importantes que se abordaron durante el II Congreso Digital de la AEP que reunió a cerca de 3.500 pediatras. Durante la semana del congreso se debatió sobre las consecuencias para la población infanto-juvenil de la covid-19 y de las medidas adoptadas para su control. “Los niños y adolescentes representan solo el 1% de los casos de infección por el covid, pero las secuelas de la pandemia también se han dejado sentir en ellos en forma de dificultad en el aprendizaje y problemas de salud mental, asociados al confinamiento, al aislamiento social y al deterioro de las condiciones de vida en muchos hogares españoles”, afirmó María José Mellado, presidenta de la AEP.

En la inauguración del congreso Azucena Díez, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la AEP (SPI-AEP), ha asegurado que “en los servicios de pediatría de atención primaria y en las derivaciones a salud mental se ha observado un repunte de las consultas por ansiedad, síntomas de tipo obsesivo-compulsivo, depresión, autolesiones y somatizaciones”. Además, añade, “los trastornos de la conducta alimentaria que se están valorando son más graves y requieren más ingresos que antes de la pandemia


Muchos de estos síntomas son consecuencias, según explican los doctores, de la incertidumbre, el exceso de noticias, el distanciamiento social y familiar, la ausencia de rutinas, el abuso de pantallas, los ritmos irregulares de sueño y un patrón de alimentación menos saludable. “A esto hay que añadir las dificultades económicas y de conciliación del trabajo con el cuidado familiar, y las posibles situaciones de enfermedad propia, de familiares cercanos o incluso el duelo por fallecimiento de seres queridos que están viviendo muchas familias como consecuencia de la covid-19”, explica Díez.

Los pediatras alertan sobre la importancia de realizar todos los esfuerzos posibles con el fin de reducir este estrés y evitar que las dificultades psicológicas se vuelvan crónicas en el tiempo dando lugar a psicopatologías más graves.

En un principio el confinamiento pudo llegar a ser vivido como una aventura, en la que los niños agradecían no ir al colegio o pasar más tiempo con sus padres, y los adolescentes se sentían más libres de poder consumir más horas en Internet. Sin embargo, “pronto comenzaron a aparecer problemas como apatía, inquietud, aburrimiento, dificultades de concentración, insomnio o miedos excesivos”, relata la especialista.

La pandemia ha hecho que el tiempo dedicado a las pantallas haya aumentado de una manera muy llamativa por el aislamiento y la falta de estímulos. “Una de las medidas más efectivas para evitar conductas adictivas consiste en garantizar el acceso a actividades alternativas saludables. Cuando los niños y adolescentes tienen oportunidad de pasar tiempo al aire libre con sus iguales y realizar actividades deportivas y de ocio, el tiempo dedicado a pantallas se reduce de forma notable”, apunta la doctora Díez.

Los adolescentes son un grupo muy susceptible a desarrollar problemas relacionados con la dependencia a dispositivos de acceso a internet, que se ha relacionado con diversos problemas psiquiátricos como ansiedad social, depresión y problemas de atención, así como una dieta menos saludable y un mayor nivel de sedentarismo, sobrepeso y obesidad. Sin embargo, antes de la pandemia ya se manejaban datos de importancia en referencia a la salud mental de los niños y adolescentes, como que casi la mitad de los trastornos mentales se inicia antes de los 14 años o que el 10% de los niños menores de 12 años y el 20% de los adolescentes desarrollan en algún momento algún tipo de trastorno mental.

El consumo de tóxicos, como el alcohol o el cannabis, ha sido más difícil, aunque no imposible, durante el confinamiento, asegura la experta. Sin embargo, a pesar de que las consultas por motivos relacionados con los consumos en menores se habían reducido notablemente, ya se están igualando a datos de otros años. “Algunos expertos predicen, basándose en fenómenos históricos, que es probable que en los próximos dos o tres años surja un aumento brusco de todo tipo de consumos en jóvenes, lo que se está denominando Los nuevos locos años 20, denuncia la presidenta de la SPI.

Los pediatras con el fin de minimizar las consecuencias psicológicas de la pandemia, durante el Congreso han dado a conocer el documento de posicionamiento de la SPI-AEP que recoge una serie de medidas pensadas para favorecer un estilo de vida saludable y, en consecuencia, la reducción del impacto psicológico de la pandemia por la covid-19 en niños y adolescentes tal como: fomentar las actividades de ocio y muy especialmente las deportivas, con la apertura permanente de parques infantiles, centros deportivos y otras actividades organizadas para niños y adolescentes, garantizar la incorporación completa al colegio para todas las edades, en cada una de las comunidades autónomas y mejorar los sistemas de coordinación entre los equipos de atención primaria (pediatras y médicos de atención primaria que tratan adolescentes) y los servicios de salud mental, así como la accesibilidad a estos últimos.




lunes, 17 de mayo de 2021

Si quieres sentirte mejor, no intentes ser feliz, sé auténtico.

 

Si quieres sentirte mejor, no intentes ser feliz, sé auténtico.



De Séneca a Aristóteles, la felicidad fue un tema recurrente en la filosofía clásica. Siglos después seguimos persiguiendo el Santo Grial de la felicidad. Sin embargo, obsesionarnos con ser felices puede ser contraproducente y conducirnos a la infelicidad.

Se supone que cuanto más valoremos la felicidad, más resultados positivos alcanzaremos y más felices seremos. Sin embargo, esta idea tiene algunos puntos débiles, como demostró un estudio realizado en la Universidad de Denver.

Estos psicólogos preguntaron a las personas cuánto valoraban la felicidad y cuánto se esforzaban por ser felices. Tras 18 meses de seguimiento, descubrieron que quienes se esforzaban más por ser felices reportaron un 50% menos de emociones positivas, un 35% menos de satisfacción con la vida y un 75% más de síntomas depresivos que las personas que tenían otras prioridades.



Ese efecto contradictorio se apreciaba tanto en las situaciones estresantes de la vida cotidiana como en aquellas alegres. En práctica, las personas que se enfocaban demasiado en la felicidad parecían disfrutar menos de los pequeños placeres de la vida, era como si se sintieran decepcionadas de su nivel de felicidad.

Cuando valoramos mucho algo, aumentan las probabilidades de que nos sintamos contrariados y frustrados si nuestras elevadas expectativas no se cumplen. Obsesionarnos con la felicidad activa un mecanismo de autoobservación constante. Nos monitorizamos en busca de las señales de alegría y satisfacción. Cuando no las encontramos o no son tan intensas como esperábamos, nos sentimos inmediatamente más desgraciados.

Estos investigadores concluyen que “intentar maximizar la felicidad puede ser contraproducente”. En su lugar, debemos seguir el consejo del filósofo Henry David Thoreau cuando escribió: “La felicidad es como una mariposa, cuanto más la persigues, más te eludirá. Pero si vuelves tu atención a otras cosas, vendrá y suavemente se posará en tu hombro”.

La autenticidad como camino hacia la felicidad

Entonces, ¿qué puede hacernos felices? La respuesta llega de la mano de otro estudio, esta vez llevado a cabo en la Universidad de Bamberg. Estos psicólogos comprobaron que la autenticidad nos brinda un profundo sentido en la vida que puede conducirnos a la felicidad y el bienestar.

Esa autenticidad no surge del contraste entre el individuo y otras personas - no somos más auténticos en la medida en que seamos más diferentes del resto - sino que nace de una profunda conexión con nuestro “yo”. La autenticidad no se busca fuera sino dentro, es el encuentro y la aceptación de nuestra unicidad.

¿Por qué ser auténticos puede hacer que seamos más felices?

Cuando somos auténticos terminamos siguiendo a nuestro corazón. Tendremos más probabilidades de encontrar nuestro camino en la vida, sea cual sea. En ese camino podremos explorar nuestros intereses y encontraremos la motivación intrínseca que nos mantendrá enfocados en nuestras metas.

Cuando esas metas están alineadas con nuestro “yo” auténtico, nos sentiremos identificados con ellas y con los pasos que debemos dar para alcanzarlas, por lo que todo resultará más natural. Al disfrutar de lo que hacemos entraremos en un estado de flujo, de manera que viviremos experiencias más gratificantes y significativas.

A la larga, seguir nuestras pasiones nos conducirá a desarrollar una mayor percepción de autoeficacia; o sea, sentiremos que somos capaces de lograr lo que realmente cuenta para nosotros. Eso genera una sensación de empoderamiento y de satisfacción con la vida.

La autenticidad también es clave en el plano de las relaciones interpersonales. Cuando sabemos quiénes somos y qué queremos buscaremos relaciones que nos nutran y nos alejaremos de personas tóxicas que nos hagan sentir mal. De esa autenticidad emanan relaciones más profundas y significativas. Los demás nos aprecian y valoran por lo que realmente somos, en vez de relacionarnos desde roles preconfigurados socialmente.

Los 3 pasos imprescindibles para ser más auténticos


Cambiar constantemente para intentar encajar en el mundo de los demás no solo es agotador, sino que también puede ser dañino. Cuando solo miramos hacia afuera preguntándonos qué quieren los otros, resulta muy difícil conectar con nuestras emociones y determinar lo que es importante para nosotros. Si no conectamos con nuestro “yo” terminaremos persiguiendo un ideal de felicidad ajeno que nos condena a un bucle de insatisfacción permanente. ¿Cómo recuperar esa conexión con nosotros mismos?

1. Encontrar nuestros “puntos de conexión”. Cuando estamos demasiado imbuidos en los roles sociales que desempeñamos a diario, preguntarnos qué nos hace felices puede ser engañoso. Quizá solo encontremos respuestas estereotipadas, de manera que terminemos buscando la felicidad en lo que se supone que debe hacernos felices, no en lo que realmente nos satisface y llena.

Por eso, no debemos preguntarnos qué nos hace felices, sino que nos hace sentir conectados con nosotros mismos. Se trata de encontrar esas pequeñas y grandes cosas que nos brindan alegría y un propósito a nuestra vida para hacerles cada vez más espacio en nuestra agenda. Así, cuando algo no nos haga sentir bien o no esté en sintonía con nuestros valores podremos decirle “no” sin culpas ni remordimientos.

2. Expresar nuestras emociones e ideas de manera asertiva. La autenticidad no es un proceso volcado meramente al interior, debe reflejarse en lo que hacemos. Si sabemos quiénes somos y qué queremos, pero no podemos expresarlo, nos sentiremos atrapados y frustrados. Diferentes estudios han demostrado que las personas que realizan trabajos en los que deben fingir la sonrisa y mostrarse permanentemente de buen humor tienen un peor estado de ánimo cuando llegan a casa y se sienten más irritables, agotados, estresados, enfadados, tristes y/o alienados.

Si queremos ser auténticos y coherentes, necesitamos buscar vías asertivas para expresar lo que sentimos y pensamos, sin herir a los demás, pero sin permitir que los otros borren nuestra identidad. En ocasiones, eso puede implicar buscar nuevos espacios que nos permitan expresarnos como somos. Por desgracia, existen escenario sociales, grupales y familiares demasiado rígidos que no permiten la libre expresión de sus miembros. En esos casos, quizá tengamos que plantearnos movernos a otros contextos que nos permitan ser nosotros mismos.

3. Elegir metas en consonancia con lo que realmente valoramos. En un mundo que nos obliga a cambiar constantemente de roles pasando de padres a hijos, de pareja a amigos o compañeros de trabajo, es difícil recordar quiénes somos. Sin embargo, la capacidad para no dejarnos influenciar por las fuerzas sociales externas, sustentada en un conocimiento profundo de uno mismo, es una de las claves de la felicidad, según un estudio de la Universidad de Sakarya.

Eso significa que debemos replantearnos nuestras metas desde la honestidad para elegir aquellas que realmente estén en sintonía con lo que somos. De hecho, Sonja Lyubomirsky demostró que las “metas auténticas” son un requisito esencial para mantener un nivel de felicidad estable a lo largo del tiempo. Por tanto, debemos buscar aquellas metas que nos hagan sentir bien y motivados, generen una sensación de autonomía y empoderamiento y están en consonancia con la vida que queremos construir y la persona que deseamos ser. Si no encontramos esas metas, por mucho éxito que tengamos, siempre arrastraremos una sensación de vacío.