Agente Inmobiliario De tu Zona

Agente Inmobiliario De tu Zona
Inmobliario Personal

sábado, 28 de agosto de 2021

Envolver comida en papel aluminio es un gran error.

 

Envolver comida en papel aluminio es un gran error.



En la cocina, para que no haya daños colaterales, cada cosa debe tener su lugar y también su función. Equivocarse puede tener consecuencias. Por ejemplo, el papel de aluminio es estupendo para hornear pero, si te sales de ahí o te excedes en su uso, se puede convertir en un artículo de cocina potencialmente tóxico.

A primera vista puede parecer perfecto para tapar las sobras de comida que has metido en una fiambrera o volcado en un plato. Para la mayoría de las personas esta es una forma fácil y rápida de almacenar alimentos en el refrigerador. Estoy de acuerdo en que es fácil, cómodo y rápido, pero nada seguro. De hecho, yo diría que es una manera fácil de jugarse el tipo, bueno, en este caso, el estómago. 

El papel de aluminio no aísla completamente a la comida de la atmósfera que la rodea, y si envuelves los alimentos cocinados con papel de aluminio y los dejas a temperatura ambiente durante más de dos horas, las bacterias crecerán con rapidez, contaminando la comida y poniendo en peligro tu salud. 

Esto sucede por varios motivos. Por un lado, al igual que necesitamos aire para respirar, las bacterias necesitan aire para prosperar. Por lo tanto, si tapas una comida caliente con papel de aluminio, como el material no se sella por completo y deja que pase aire al interior, las bacterias pueden prosperar rápidamente. Y luego, en caso de consumirla, corres el riesgo de sufrir una intoxicación alimentaria.

Por otro lado, hay ciertas temperaturas donde las bacterias pueden prosperar fácilmente:

  • En Fahrenheit, está entre 40 y 140 grados.

  • En grados Celsius, está entre 5 y 60 grados.

Por eso es tan importante conservar los alimentos del modo adecuado, pero también a la temperatura adecuada ya que a las bacterias no les gustan los entornos donde hace demasiado calor o demasiado frío. De ahí que fuera de su rango de temperaturas preferidas, las bacterias simplemente no pueden replicarse y no crecerán.

Sin embargo, también hay que tener en cuenta que algunas bacterias como el estafilococo y el Bacillus cereus, que causan enfermedades transmitidas por los alimentos, producen toxinas que no se destruyen con las altas temperaturas a las que se cocinan los alimentos.

Todos estos factores influyen en el desarrollo de las bacterias que causan las intoxicaciones alimentarias. El primer paso para evitarlas es aprender a conservar bien los alimentos. En este sentido, lo ideal es utilizar materiales que no permitan pasar el aire o recipientes herméticos. Fíjate bien en su capacidad y trata de ajustar el tamaño a la cantidad de comida que haya sobrado. Y ya que estás, opta por recipientes poco profundos para acelerar el proceso de enfriamiento y evitar que las bacterias entren en los alimentos.

A veces no es fácil detectar estas toxinas porque los alimentos contaminados pueden presentar una apariencia normal, ya que tanto su aspecto, como su sabor y olor pueden no alterarse.

La carne, la leche y los productos lácteos son los más delicados, pero también debes extremar las precauciones con otras preparaciones, como las salsas. Y es importante saber que las toxiinfecciones alimentarias (TA) “dependen tanto del tipo de alimento y de los hábitos de consumo, como de su producción” señala María Santos, microbióloga clínica y miembro de la Asociación de Microbiología y Salud (AMYS).

Como en España el consumo de pollo es elevado, solemos asociar las intoxicaciones a este producto. Pero no hay que olvidar que los alimentos más comunes asociados a los brotes de TA son “los huevos, carnes –vaca, aves, cerdo-, leche, verduras, frutas, verduras, moluscos y agua”, remarca la doctora. Además, los productos de repostería, los embutidos y las hortalizas también pueden ser el origen de algunas intoxicaciones alimentarias como la Salmonella.

Tal y como apunta la agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan), para evitar las enfermedades provocadas por una inadecuada manipulación o conservación de los alimentos debemos adoptar algunas precauciones. Estas tres hacen referencia a las sobras de comida, y si las cumples, tienes mucho ganado:

  1. Evita el contacto entre los alimentos crudos y los cocinados. Un alimento cocinado puede volver a contaminarse por contacto con los alimentos crudos o con objetos que anteriormente hayan contactado un alimento crudo (cuchillos, tablas, superficies, trapos, etc.). El trapo de cocina o la bayeta puede ser un excelente vehículo de contaminación. 

  2. Por mucho que quieras aprovechar, no siempre es posible aprovechar sobras de una comida anterior, pero si decides hacerlo, calienta las sobras a la temperatura máxima antes de tomarlas.

  3. Asegúrate de poner la comida en el refrigerador dentro de las dos horas siguientes al cocinado, antes de que las bacterias tengan tiempo de causarle estragos. Desecha cualquier alimento que haya estado reposando más de dos horas.

  4. Es importante congelar o tirar las sobras refrigeradas en un plazo de 3 a 4 días. Si no estás seguro de cuánto tiempo han estado tus sobras en la nevera, no te arriesgues. En caso de duda, ¡deséchelas!

Por cierto, si te sobra comida en abundancia: "lo más inteligente sería dejar una porción en la nevera (pensando en un consumo más o meno inmediato) y luego, dividir el resto en porción individuales en recipientes herméticos y guardarlas en el congelador", explica a TheHealthy la dietista de la Clínica Cleveland Lindsay Malone.

De todo lo que te hemos contado hasta ahora, lo más importante es quedarse con la regla de oro para conservar bien los restos de comida: guardar las sobras en un táper hermético y poco profundo, y meterlo en la nevera antes de que pasen dos horas.

Existe otro motivo por el que no debes usar el papel de aluminio para envolver alimentos calientes. Según la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (EFSA), el papel de aluminio es capaz de transmitir pequeñas cantidades de este metal a los alimentos con los que entra en contacto. 

Sobre todo, cuando la receta en cuestión incluye unos ingredientes específicos como los vegetales, el vinagre, los cítricos, los frutos secos, la cerveza o las carnes y pescados procesados. El calor al que se somete a estos platos podría hacer que se produzca una filtración o migración de partículas (del papel a la comida) que pueden quedarse adheridas a los tejidos del organismo y provocar casos aislados de Alzhéimer, infertilidad e incluso cáncer, aunque normalmente son cantidades "insignificantes", y tendría que haber un nivel de exposición desmesurado para que se produjera dicho daño.

En concreto, la EFSA recomienda que no se ingiera más de un miligramo de aluminio por semana y por kilogramo de peso corporal. Por lo tanto, si el peso de una persona es de 70 kg, no debe ingerir más de 70 miligramos de aluminio.

Esta cantidad sólo se ingeriría si se utilizara papel de aluminio con alimentos particularmente ácidos o salados, ya que estas sustancias pueden liberar aluminio del papel a través de una reacción química. Por tanto, al evitar estos alimentos, no se plantearía este problema.

Con respecto a este último punto creo que lo esencial es quedarse con la idea de que los alimentos ácidos y salados son un caso especial cuando se utiliza papel de aluminio. Si estos alimentos entran en contacto con el papel de aluminio, éste puede descolorarse visiblemente y el aluminio puede desprenderse. Como resultado, puede pasar un poco más de aluminio de lo habitual a los alimentos. Todos los demás alimentos pueden envolverse y cocinarse en papel de aluminio de forma bastante segura, ya que no liberarán niveles perjudiciales de aluminio del papel.

martes, 24 de agosto de 2021

Cómo evitar que las bacterias campen a sus anchas en tus toallas.

 

Cómo evitar que las bacterias campen a sus anchas en tus toallas.



Puede que no te lo hayas planteado con seriedad este tema por consideras que no está dentro de las tareas cotidianas de suma importancia, y lo entiendo, pero este hábito de limpieza es básico para evitar que las bacterias campen a sus anchas por tu cuarto de baño. Más ahora, en verano, que la mayoría nos pasamos el día a remojo; los más afortunados entre la piscina y la playa, y los menos, con duchas frecuentes de agua y jabón. 

Además, si convives con niños y adolescentes habrás notado que suelen dejar las toallas de cualquier manera, tiradas encima de la cama o en cualquier rincón sin preocuparse de sacudirla o colgarla al sol para que se seque bien. No digamos ya de las discusiones de pareja o entre hermanos que se generan por el tema del uso compartido de las toallas. 

Pero centrémonos en la frecuencia del lavado de toallas, que es otra de esas cosas que divide incluso a las familias más bien avenidas. Algunos creen que deberían cambiarse después de cada uso, mientras que otros juran que pueden sobrevivir durante semanas sin un lavado. Solo usas la toalla después de limpiarte en la ducha, por lo que no puede ensuciarse demasiado, ¿verdad?


Pues no, el hecho de que la toalla parezca limpia después de usarla no significa que los gérmenes no puedan adherirse a ella. En realidad, deberías lavarla cada tres o cuatro usos o una vez a la semana como mínimo. Eso si estamos hablando de una toalla de baño común, y en circunstancias normales. Pero por ejemplo, las toallas de mano deben cambiarse cada dos días porque se usan con más frecuencia y por varias personas. Por supuesto, si te duchas en el gimnasio y metes tu toalla en la bolsa, ¡cuidado! La humedad es un caldo de cultivo para las bacterias y otros gérmenes, así que tendrías que lavarla todos los días, según la Clínica Cleveland.

¿Exageración? Para nada, una toalla común puede tener hongos, moho y bacterias E. coli creciendo en ella. Aunque el agua ayude a eliminar una parte, otras se quedarán y se transferirán a la toalla durante el secado posterior a la ducha. Nuestro cuerpo produce constantemente sudor, células de piel muerta, ácaros y otros agentes patógenos, y gran parte de esto se puede transferir a las toallas.



Eso sin mencionar otras posibles suciedades corporales y la que se puede acumular con el tiempo, incluidos los restos de moco, caspa, maquillaje y productos de belleza. Todos estos elementos juntos en un baño cerrado y lleno de vapor hacen que las toallas sean particularmente vulnerables a la acumulación de bacterias.

Y si te preguntas qué podría pasar, deberías saber que usar unas toallas sucias tiene ciertos riesgos para la salud, ya que pueden propiciar la aparición de infecciones, erupciones y sarpullidos en la piel como eccemas, granos e incluso brotes de acné. También pueden ser la causa de hongos en las uñas de los pies, pie de atleta, tiña inguinal o verrugas. Además, como ya sabrás, se puede contagiar fácilmente el resfriado común y otras infecciones compartiendo toallas sucias. Así que si alguien de su familia está o ha estado enfermo, es mejor reemplazar la toalla después de cada uso para prevenir la propagación de bacterias.

El modo correcto de lavarlas:

  • Lava a alta temperatura (60 grados o más), pero lee la etiqueta para estar seguro. Si puedes, usa un programa con agua caliente y añade un chorrito de lejía si huelen mal o están muy sucias. ¡Solo en las toallas blancas!

  • Utiliza detergente para piel sensible, poco por favor. Usar demasiado jabón podría causar una acumulación que limita la absorción. Y evita poner suavizante u otros productos perfumados para evitar la irritación.

  • Para que queden mullidas y suaves, puedes usar suavizante, pero añádelo a cada tercer o cuarto lavado para evitar que se acumule. Si prefieres una alternativa más natural, agrega un cuarto de taza de vinagre blanco. Así conseguirás eliminar el detergente acumulado, y las toallas recuperarán gran parte de su suavidad original.

  • No llenes el tambor hasta los topes. Sobrecargar la lavadora hace que la ropa se lave peor y dificulta el enjuagado. Con menos cantidad mejor es el lavado.

  • Si retienen olores desagradables, primero, lava las toallas con media taza de bicarbonato de sodio sin detergente, luego vuelve a lavar las toallas con detergente. El bicarbonato de sodio tiene un efecto parecido al suavizante, con la ventaja de que elimina los olores (el suavizante no los elimina, los camufla con perfume).

  • No dejes las toallas en la lavadora mucho tiempo para evitar la formación de bacterias.

  • Si tienes espacio es recomendable que la ropa se seque a temperatura ambiente, cuélgala en vez de meterla en la secadora. El calor de ésta degrada los tejidos a una velocidad que ni te imaginas.

  • Si no tienes más remedio que usar secadora, una vez que estén lavadas, agita y coloca las toallas en la secadora junto a las bolas de secado (como éstasdiseñadas especialmente para suavizar la ropa y evitar las pelusas mejorando el flujo de aire en la secadora. Las pelotas de tenis nuevas también funcionan, pero algunas pueden desteñir o dejar olor a goma. Para evitarlo puedes rociar unas gotas de aceite esencial en las bolas de secado.

  • Si las toallas son nuevas debes lavarlas siempre antes del primer uso, agregando media taza de vinagre blanco al ciclo de enjuague durante el lavado inicial.

  • Por último, tiende las toallas bien estiradas y al sol, si es posible. Para evitar el olor a humedad, asegúrate de que las toallas están completamente secas antes de doblarlas y guardarlas.

Recuerda, cada uno debe ser tener su propia toalla persona e intransferible, una para el cuerpo y otra solo para el rostro. Acuérdate también de mantener unas mínimas normas de higiene, como no dejarla mojada y arrugada, para que no acumule humedad, y lavarla con mucha más frecuencia.