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lunes, 31 de octubre de 2022

Qué hay de cierto en el truco del agua helada para calmar la ansiedad.

 

Qué hay de cierto en el truco del agua helada para calmar la ansiedad.



Las redes sociales (TikTok, en particular) están repletas de trucos y remedios para solucionar cualquier malestar o dolencia. Algunos aparte de ser una solemne estupidez, son ineficaces y deben evitarse, pero otros pueden resultar muy útiles. Como el de sumergir la cara en agua helada para frenar la ansiedad.



Dicen que esta técnica ayuda a aliviar la ansiedad, un problema que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) afecta a 1 de cada 8 personas en el mundo (casi 1000 millones de personas). Además, la pandemia por la Covid-19 ha incrementado el impacto en la salud (estrés, ansiedad y depresión). Datos reales y muy contundentes que nos hacen reflexionar sobre la importancia de la salud mental y el equilibrio emocional. Hoy y siempre.

Por eso hemos querido ahondar en esta nueva recomendación viral, sumergir la cara en agua helada para aliviar la ansiedad. Al hacerlo, se activa el reflejo de buceo o inmersión del cuerpo de los mamíferos. Así lo asegura la literatura científica y algunas investigaciones. Este reflejo consiste en el cese de la respiración (apnea), la disminución drástica de la frecuencia cardíaca (bradicardia) y un aumento de la vasoconstricción periférica

Cuando nuestra cara entra en contacto con agua fría (menos de 21°C) este reflejo se activa produciendo una cascada de efectos en nuestro organismo. El ritmo cardíaco se ralentiza, los vasos sanguíneos se estrechan y el bazo también se contrae; dichas reacciones nos ayudan a ahorrar energía cuando el nivel de oxígeno es bajo.

Sumergirse en el agua y aguantar la respiración hace que varios receptores de la cara se activen. La información se transmite al cerebro. De inmediato, las vías aéreas se cierran, nuestra frecuencia cardíaca disminuye y con todo, nuestro cuerpo se relaja de forma inconsciente.

"El agua helada provoca lo que al principio parece un ataque de pánico", cuenta Mel Robbins al New York Times"Pero al final, su cuerpo se relaja y la mente se calma. El agua sigue estando fría, pero la respuesta de ansiedad desaparece”, explica Robbins que adoptó el 'método Wim Hof', que combina la exposición al frío con la respiración y la meditación, para ayudar a controlar la ansiedad y estrés.

Tal y como recoge la publicación: "La gente ha utilizado el agua fría para promover la salud durante siglos. Hipócrates creía que la terapia acuática podía aliviar la fatiga, y los médicos del siglo XVIII recomendaban los baños fríos para tratar afecciones como la fiebre y el raquitismo".

Sentirse revitalizados, con la cabeza despejada y más capaces de manejar el estrés son otros beneficios asociados al agua fría, según dicen quienes lo han probado. Incluso hay quien afirma que los baños de agua helada les ha ayudado a superar el dolor, la ansiedad, la depresión y otros problemas de salud mental. Las pruebas preliminares sugieren que podrían estar en lo cierto, pero la base científica detrás de cómo o por qué el agua fría afecta a la salud mental aún no está clara.

Algunos estudios también han informado de un aumento de las sustancias químicas cerebrales que regulan el estado de ánimo, como la dopamina. Sumergirse en agua helada provoca la liberación de hormonas del estrés, como la noradrenalina y el cortisol.

No todos los beneficios comentados están avalados por la ciencia. Lo que sí se sabe es que el cuerpo responde fisiológicamente a la inmersión en agua fría deteniendo la respiración y disminuyendo la frecuencia cardíaca para conservar energía para sobrevivir. Es decir, que se concentra en conservar las reservas vitales de oxígeno y mantiene la vida al redirigir la actividad a los dos órganos más esenciales para la vida: el corazón y el cerebro.

Sin embargo, tal y como explica a WellandGood la neuropsicóloga Judy Ho"Al usar este truco como una técnica de afrontamiento contra la ansiedad y el estrés, el objetivo no es detener significativamente la respiración o disminuir la frecuencia cardíaca. Sino que lo que se busca es una tener un contacto rápido y breve con agua muy fría o helada, sumergiendo únicamente la cara". Esto envía un mensaje al nervio vago, que maneja el sistema nervioso parasimpático conocido como "sistema de descanso y relajación".

Cuando se activa el sistema nervioso parasimpático, regula y ralentiza el ritmo cardíaco y la respiración, y y conduce a una sensación general de calma para muchas personas”, añade Ho. “También le dice al cerebro y al cuerpo que no hay una emergencia y, por lo tanto, ayuda a relajarse y recuperarse de una situación estresante”.



miércoles, 5 de octubre de 2022

¿Por qué nos da pereza hacer deporte, sobre todo al principio?

 

¿Por qué nos da pereza hacer deporte, sobre todo al principio?

Nadie pone en duda a estas alturas que hacer ejercicio es salud, tanto física como mental. Aun así, el nuevo Eurobarómetro sobre el deporte y la actividad física muestra que casi la mitad de la población europea no practica ejercicio alguno. ¿La razón? La mayoría alega que no dispone de tiempo, a lo que se suma en ocasiones la falta de motivación y la ausencia de interés.

Sin embargo, hay estudios que muestran que el tiempo deja de ser un motivo si tenemos el apoyo de la familia y de los amigos, o si sencillamente nuestro médico insiste en que nos activemos físicamente. Es más, estas investigaciones revelan que las personas que practican deporte con regularidad se organizan mejor el tiempo.

En realidad, procrastinamos



Especialistas en este campo indican que el problema de la gestión del tiempo no es tanto su escasez sino nuestra tendencia a la procrastinación. Procrastinar es un verbo últimamente de moda que, según la RAE, significa ‘diferir, aplazar’. Tiene su origen en el adverbio latino cras (mañana, el día siguiente).

Pues bien, resulta que casi la mitad de todos los estudiantes y alrededor de la quinta parte de los adultos se declaran procrastinadores severos y crónicos.

Ignoran, probablemente, que posponer nuestras tareas no solo puede llegar a ser contraproducente en el día a día profesional y personal, sino que además afecta a la percepción que tenemos sobre nuestra calidad de vida. Procrastinar produce ansiedad, depresión, estrés e insomnio, trastornos cuya frecuencia aumenta también si no se practica ejercicio. Al final, es la pescadilla que se muerde la cola.

No es pereza, sino una batalla interna

Lo normal es que asociemos la procrastinación con ser perezosos o incluso algo incompetentes. Pero la neurociencia nos dice que la procrastinación, en el fondo, se debe a una batalla interna biológica: la que libran nuestro sistema límbico y la corteza prefrontal, interconectados.

El sistema límbico incluye toda una serie de estructuras cerebrales relacionadas con la activación de las emociones. Es un sistema muy potente que, desde el punto de vista evolutivo, apareció en la escala filogenética antes que la corteza prefrontal.

En cuanto a esta región de la corteza cerebral, se encarga de generar comportamientos complejos tales como el razonamiento, la resolución de problemas y la cognición social. Por todo ello recibe el apodo de “centro de la personalidad” y se considera la estructura cerebral más evolucionada.

Ante una situación o tarea que nos pueda parecer poco agradable, procrastinamos porque el sistema límbico gana a la corteza cerebral. Elegimos sentirnos mejor en ese momento, preferimos la recompensa inmediata. Así pues, posponemos la tarea sin tener en cuenta que ese retraso pueda ser contraproducente y acabar generándonos malestar.

Ya entrenaré mañana

El ejercicio es particularmente susceptible a la procrastinación. Hay muchas personas que perciben la práctica deportiva como algo desagradable y aversivo. Detrás de esa aversión puede haber aburrimiento y frustración que, a su vez, son estupendos predictores de la procrastinación. Todo cuadra.

Además, hay estudios que indican que implicarse en una actividad física intensa tiende a llevarnos a un estado de activación poco agradable. Aunque muchos de nosotros experimentamos un mejor estado de ánimo después del ejercicio físico intenso, mientras lo practicamos no es tan agradable. La aversión inicial a ponerse en movimiento, y el estar tan a gusto en casita cuando nos planteamos la opción, nos puede llevar a la procrastinación.

Más actividad física y menos procrastinación

Un estudio reciente que incluía a 621 personas (274 mujeres y 347 hombres) entre 18 y 83 años de edad y que practicaban algún tipo de actividad física ha demostrado que con la práctica deportiva percibimos que tenemos mayor calidad de vida y mejor salud física y mental, y que somos menos propensos a procrastinar.

En este trabajo se detectó que si se practica ejercicio al menos 150 minutos por semana la percepción sobre la propia salud es mucho más positiva.

El poeta inglés Edward Young dijo: “El tiempo perdido es la existencia; utilizado es la vida”. Vivamos, pues, y no nos limitemos a existir.

lunes, 3 de octubre de 2022

La edad no es la única razón por la que la piel se vuelve seca y agrietada

 

La edad no es la única razón por la que la piel se vuelve seca y agrietada


El envejecimiento (unido al estilo de vida) puede hacer que tu piel cambie y puedes empezar a notarlo en ciertas partes del cuerpo como los codos, el antebrazo o la parte superior de los brazos. (Foto: Getty)

A los 60 años, casi todos los adultos descubren que su piel ha cambiado a de aspecto y está más cada vez más seca y áspera. De hecho, con el paso de los años los signos de sequedad están cada vez más presentes y pueden verse también más fácilmente. No es raro que aparezcan parches secos en las piernas, los codos y la parte superior de los brazos, aparte de en otras partes del cuerpo.

La piel seca es, en parte, algo que sucede con la edad. No es solo la apariencia de la piel lo que cambia con los años. A medida que envejecemos, las capas de la piel se vuelven más delgadas y producen menos sebo, el aceite que mantiene la piel suave e hidratada.

En las mujeres, debido a la llegada de la menopausia en la que descienden los estrógenos, se acrecienta aún más esa disminución del sebo y el sudor. El resultado, si no te cuidas lo suficiente, es una piel más seca, deshidratada, frágil y sensible.

Por otro lado, haber pasado mucho tiempo al sol para broncear la piel, ya sea ahora o en el pasado, contribuye a eliminar la humedad de la piel. Asimismo, el bronceado acelera el proceso de envejecimiento de la piel y daña las células de la piel, lo que debilita la barrera protectora de la piel y dificulta que la piel retenga la hidratación.

Cuidado con pensar que esto solo ocurre en verano, el sol también tiene un impacto en tu piel el resto del año. El frío y el viento también agreden la piel. Por tanto, con el tiempo, es necesario prestar cada vez más atención a estos factores externos. Aunque de joven tu piel no fuera seca y no tuvieras la costumbre de protegerla, es imprescindible hacerlo una vez pasados los treinta. A esta edad la piel ya empieza a cambiar y las funciones cutáneas se alteran.

Pero volvamos al tema que nos ocupa, la sequedad de la piel inducida por la edad. Debes saber que la alimentación es otro factor que contribuye a la sequedad de la piel. A medida que envejecemos, tenemos menos apetito y deseo de beber. Este es uno de los motivos por el que que los adultos mayores son más propensos a no obtener los nutrientes que necesitan, y es más probable que experimenten deshidratación.

La toma de medicamentos también incide en este proceso degenerativo de la piel. Algunos de los más comunes como estatinas, diuréticos, antihistamínicos o laxantes pueden exacerbar la piel seca. Además, la piel seca también puede ser causada por problemas de salud, tales como la diabetes o una enfermedad de los riñones. De hecho, algunos tratamientos médicos también pueden causar sequedad en la piel. De hecho, la piel seca es un efecto secundario común de la diálisis y también puede ocurrir después de someterse a quimioterapia, radiación o terapia dirigida contra el cáncer.

Pero esto no es todo, los dermatólogos apuntan a que la falta de sueño y el estrés al que se enfrentan las personas en la edad adulta pueden hacer mella en la salud de la piel. El estrés puede aparecer a cualquier edad, pero los adultos mayores pueden ser más propensos a los factores estresantes crónicos relacionados con problemas de salud, preocupaciones económicas o la pérdida de una pareja o un ser querido. Estos sentimientos pueden afectar a la piel, igual que no tomar suficientes líquidos, estar en sitios con aire muy seco o fumar.

Así que sí, no vamos a negar lo evidente: la piel cambia con la edad. Se pone más delgada, pierde grasa y ya no se ve tan tersa y lisa como antes. Las venas y los huesos se pueden percibir más fácilmente. Los rasguños, cortes o golpes pueden tardar más tiempo en sanar, y los años expuestos al sol y las inclemencias del tiempo pueden resultar en arrugas, sequedad, manchas por la edad y hasta cáncer. Pero si durante todos esos años has mimado tu piel y mantenido una rutina de cuidados básicos, habrás reducido y pospuesto los efectos del paso del tiempo. Si no ha sido así, la piel seca y agrietada dará la cara antes.

Las características de la piel seca y envejecida pueden ser las siguientes:

  • Aspereza. La piel seca se siente áspera y escamosa.

  • Cuarteado con tendencia a la formación de grietas, denominadas 'rágades'.

  • Formación de callos y descamación.

  • Picor frecuente.

  • Rigidez de la piel, especialmente después del baño.

  • Grietas en la piel que pueden sangrar.

Si es tu caso, no conviene retrasar la visita al dermatólogo. Si va a más, puede que la sequedad y la picazón te impiden dormir, o que se te formen heridas o llagas abiertas de tanto rascarte.

Como norma, la piel seca suele responder bien a las medidas relacionadas con el estilo de vida, como usar cremas humectantes y evitar bañarse y ducharse con agua caliente durante mucho tiempo.

El jabón y las soluciones alcalinas no le van bien a este tipo de piel, ya puede reaccionar con mucha mayor sensibilidad. Por eso, la limpieza debe efectuarse con un producto que sea suave y no prive de humedad a la piel. El médico puede recomendarte un producto humectante formulado según tus necesidades (aquí tienes algunas de las mejor valoradas), con fórmulas que no contengan perfumes ni colorantes.

En general se aconseja sustituir la leche corporal por una crema o, mejor, una manteca corporal. Contienen una mayor proporción de ingredientes nutritivos y protectores (aceite de jojoba, manteca de karité y de cacao) que refuerzan la barrera cutánea y frenan la deshidratación. También puede ser útil usar productos contengan los siguientes componentes activos: urea, ácido hialurónico (para retener el agua) y ceramida-3, que apoya de forma natural la regeneración de la barrera cutánea y reduce el déficit de lípidos.

Y recuerda que aplicarte crema solar es lo normal, tanto en verano como en invierno. Algunas personas tienden a olvidarlo pero, aunque no haga calor, los UV siguen alterando la piel