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miércoles, 25 de noviembre de 2020

Cuál es la mejor dieta para lidiar con las 4 enfermedades que se empiezan a asociar con el teletrabajo.

 

Cuál es la mejor dieta para lidiar con las 4 enfermedades que se empiezan a asociar con el teletrabajo.



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Las cuatro “hiper” (hipertensión, hiperglucemia, hipercolesterolemia e hiperadiposidad) son los trastornos metabólicos más frecuentes en las enfermedades crónicas; la tendencia a comer cualquier cosa, a cualquier hora, y de cualquier manera en las personas que teletrabajan ha disparado su aparición. Un experto en nutrición ha diseñado un plan de comidas que podría ayudarte a esquivarlas

En las consultas médicas se está empezando a ver un incremento de casos de gente sana que comienza a tener problemas importantes de salud ante el desarrollo de dietas restrictivas por miedo a engordar, que pueden provocar trastornos del comportamiento alimentario como anorexia, bulimia o conductas de atracón, o debido al bajo consumo de alimentos saludables.

Ante este panorama, especialistas en nutrición como el doctor Nicolás Romero alertan de que, “en una parte muy importante del colectivo de trabajadores remotos se pueden adelantar enfermedades como hipertensión, diabetes tipo 2, síndrome metabólico, cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular”.

Romero, especialista en nutrición y autor del libro “Comer bien para bien estar”, de Ediciones Martínez Roca, considera que el teletrabajo y el cambio de hábitos que supone puede tener unas “consecuencias dramáticas” en la salud de millones de españoles.

Qué hacemos mal

El teletrabajo, explica el Dr. Romero, puede alterar significativamente los hábitos saludables del trabajo presencial y disparar los factores metabólicos de este colectivo que, en muchos casos, ya tiene un perfil de riesgo asociado al sedentarismo y la edad”.

Es fácil que no se respeten las pausas reglamentarias de descanso, que se salte la hora de la comida, que fume, que se coma a deshoras o que se beba alcohol mientras se teletrabaja”, añade el especialista en nutrición y autor del libro “Comer bien para bien estar”, de Ediciones Martínez Roca,

Los riesgos de trabajar desde casa

  • Se pueden desarrollar dificultades para la desconexión laboral y tecnológica.

  • No respetar los horarios de inicio y fin de jornada.

  • No hacer paradas ni descansos para dar un paseo.

  • Saltarse las pausas del desayuno, comida y merienda habituales.

Cómo afecta a nuestra salud

Estas nuevas rutinas que muchos de los estamos en casa hemos adquirido, sin ni siquiera darnos cuenta, podrían propiciar trastornos de ansiedad y depresión, cefaleas, sarcopeniadolor lumbar y cervical, que acortarían la esperanza de vida sana.

De hecho, según el especialista, “detrás de la epidemia de obesidad y otras enfermedades crónicas de las sociedades más avanzadas se esconden los malos hábitos, los comportamientos poco saludables, especialmente los relacionados con la calidad de la alimentación, el aporte calórico y la actividad física, y el teletrabajo los puede alterar aun más”.

l perfil de riesgo

Las personas con profesiones sedentarias que han superado la edad media de la vida son las que más riesgo corren durante el teletrabajo. Estos dos factores pueden generar la aparición o agravar los trastornos metabólicos más frecuentes en las enfermedades crónicas como las cuatro “hiper”: hipertensión, hiperglucemia, hipercolesterolemia, e hiperadiposidad, asociada en muchos casos con un elevado índice de masa corporal (IMC), que caracteriza a la obesidad.

El mejor ‘seguro de vida’

Para evitar todas estas dolencias el Dr. Romero propone tomar cada día, a la misma hora, el desayuno, la comida principal y la cena, ya que este hábito que se relaciona con menor incidencia de las cuatro ‘hiper’ de las enfermedades metabólicas, de obesidad y de depresión.

Nuestro metabolismo necesita estabilidad para mejorar el rendimiento físico y mental. Cuando se come al tiempo que se trabaja, la sensación de saciedad tarda más en llegar y se ingieren más calorías. Además, aumenta el hambre emocional por la ansiedad anticipativa de la nueva situación laboral. Y al no existir contacto físico con compañeros y jefes, aparece una sensación de aislamiento y se abren muchas incertidumbres sobre el trabajo.

El peligro de buscar la recompensa emocional

El hambre ‘de verdad’ es el apetito -explica el doctor Romero- y el apetito se sacia, pero el hambre emocional suele ser insaciable y recurre muy frecuentemente al consumo de alimentos y bebidas ultraprocesadas y ultracalóricas”.

A veces es difícil distinguir cuando es picoteo y cuando es una comida. “Cuando nos alimentamos sin saber qué comer, ni a qué hora, la dopamina cerebral actúa para resolver las incertidumbres, añade. Nos habituamos a comer mediante pequeñas recompensas inmediatas, perdemos el control de nuestra alimentación, y propiciamos las relaciones adictivas con los productos ultraprocesados que están diseñados para actuar como recompensa”.

Al romper la separación entre la vida personal y la laboral y eliminar los horarios de comida, no se planifica la compra, ni se programan los menús semanales. La consecuencia es el abandono de la dieta mediterránea en favor del consumo de productos pre-elaborados fáciles de preparar, y de la comida a domicilio.

Además, en muchos casos el teletrabajo propicia las dietas restrictivas, por miedo a engordar, que pueden provocar trastornos del comportamiento alimentario como anorexia, bulimia o conductas de atracón. Se puede favorecer el consumo de productos energéticos como bebidas energéticas, complejos multivitamínicos, ginseng y jalea real; y también se suele aumentar el consumo de cafeína.

¿El ejercicio? Lo último de la lista

Trabajar en casa tampoco favorece la programación de la actividad física. La utilización del tiempo en tarifa plana hace que dejemos el ejercicio físico para el final de la jornada y, donde no hay masa muscular, no hay salud.

El músculo esquelético es importante para el organismo, no solo controlando los movimientos del cuerpo con la fuerza que genera, sino como un regulador del metabolismo. Si los grandes músculos de las piernas permanecen inactivos durante periodos largos, se está contribuyendo a la alteración del metabolismo de los azúcares y las grasas, provocando que los niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos aumenten en la sangre.

Un plan a medida en 7 pasos

Por todo esto, el Dr. Romero nos anima a revisar nuestra dieta para teletrabajar de manera saludable y señala que “es necesario reforzar la motivación, el autocontrol y la toma de decisiones para mejorar el autocuidado”.

La dieta para el teletrabajo debe tener una matriz fija de origen vegetal, cuya ingesta diaria es indispensable, y otra parte variable compuesta por alimentos vegetales o animales, cuyo consumo se ajustaría a cada persona en función de su edad, su sexo, el peso corporal, la tasa metabólica basal y la actividad física diaria. Así es como puedes lograrlo:

  1. Máxima variedad de verduras, frutas y hortalizas, que suministran distintos tipos de vitaminas, minerales, fibra soluble e insoluble, fructosa, glucosa, almidón y también algunas grasas beneficiosas como las del aguacate.

  2. Cereales siempre integrales y apropiados para quien los vaya a tomar, bien por preferencia, tolerancia al gluten, cultura o lugar de residencia. Arroz, trigo, maíz, cebada, avena, centeno, incluso quinoa, que funciona como cereal. Con ellos obtenemos un buen aporte de energía con carbohidratos complejos, algo de proteínas, minerales, vitaminas y fibra.

  3. Grasa de calidad proveniente de aceites vegetales donde sea mayor la proporción de ácidos grasos monoinsaturados que de poliinsaturados. La primera opción será el aceite de oliva -mejor prensado en frío como el virgen o virgen extra-, seguido por el aceite de canola, los aceites de semillas (avellanas, almendras, cacahuete, sésamo), el de maíz, el de girasol y el de soja. Estos aceites proporcionarán ácido oleico, ácidos grasos esenciales, como los omega 3 y 6, y fitoquímicos bioactivos antioxidantes y antiinflamatorios como la vitamina E. Cuando no dispongamos de una grasa saludable para aliñar y cocinar en crudo, no hay que recurrir al aceite de coco o de palma por su alta proporción de ácidos grasos saturados. Aportaríamos estos nutrientes por medio de pescados, frutos secos, semillas y soja, como hace la dieta tradicional japonesa.

  4. Completaremos la base vegetal de la dieta con más grasas saludables y proteínas vegetales provenientes de legumbres, nueces y otros frutos secos, y semillas. Estos alimentos aportan proteínas que son imprescindibles a cualquier edad hacer las reparaciones en los órganos y mantener la aptitud física.

  5. A partir de los cuarenta años se dará preferencia al consumo de verduras -con menor poder calórico- sobre las frutas, y se reducirá el consumo de platos a base de arroz, pasta y patatas que aportan demasiadas calorías, que no se necesitan en esta etapa. Asimismo, se reducirá el consumo de platos que contengan demasiadas grasas saturadas como carnes y embutidos. Los productos lácteos serán desnatados. No se debe renunciar nunca a una grasa saludable para guisar o aliñar porque es muy importante para el buen funcionamiento del organismo.

  6. Si se opta por una alimentación más vegetariana, incrementaremos las fuentes de proteínas de la dieta con frutos secos, germinados de semillas y legumbres, y derivados de la soja. Aquí será necesario introducir probióticos como la col fermentada, hortalizas encurtidas y otras preparaciones similares para reforzar la microbiota intestinal.

  7. Otra opción para complementar la matriz vegetal fija de la dieta, sería aportar proteínas de origen animal como leche, queso, lácteos fermentados probióticos como el yogur y el kéfir, y huevosLa tercera opción con más proteínas animales, consistiría en leche, queso, lácteos fermentados probióticos, huevos, pescados, mariscos, carne de pollo y otras aves. En esta dieta, el consumo de carnes rojas, grasas saturadas, tubérculos almidonados como las patatas y azúcares refinados, debe estar entre ocasional y cero.

Si prefieres una dieta flexitariana

Es la opción ideal para ampliar la base vegetal, pero sin llegar a las restricciones de una dieta vegetariana, La dieta flexitariana del Dr. Romero se compone de un ochenta por ciento de vegetal y un veinte por ciento de alimentos de origen animal. Se trata de una alimentación básica de legumbres, cereales, frutas, verduras, lácteos y huevos, añadiendo pequeñas porciones de carne, pescado y marisco de manera puntual, que suministran ácidos grasos omega 3, proteínas en cantidad y calidad suficiente, y la vitamina B12 necesaria para no tener déficit.

Ejemplo de menú tipo flexitariano:

  • Desayuno: café con leche o té, y tostada grande de pan integral de avena con requesón, almendras en láminas, y rúcula.

  • Media mañana: un yogur natural descremado sin azúcar con nueces troceadas y un melocotón.

  • En la comida: judías estofadas con patata y calabaza, tomando como entrante una ensalada de tomate y lechuga, y después del plato principal, dos mandarinas de postre.

  • De merienda, un té con galletas de maíz y garbanzos.

  • En la cena: una tortilla de espárragos, una manzana y un vaso de kéfir. Se añade una buena grasa para aliñar y cocinar, muy poca sal y a comer.

Sobre esta base flexitariana, los platos se pueden elaborar un poco más. “Que te apetece un poco de carne, pones un día al mes pollo al curry salteado con verduras. Que tu opción es de más pescado, pues atún en salsa de cebolla y castañas con arroz integral. Que prefieres fuentes de proteína vegetal, ensalada de pasta integral, lentejas y verduras, o una tarta de brócoli y hummus. Que quieres darle un toque oriental, lasaña integral de berenjena con miso”, concluye el Dr. Romero.




miércoles, 18 de noviembre de 2020

Niebla mental, la pesadilla de las personas que sufren Covid persistente.

 

Niebla mental, la pesadilla de las personas que sufren Covid persistente.



No puedo leer ni dos líneas; es muy difícil de explicar. Trabajo fundamentalmente con el cerebro y no soy capaz de hacer las cosas básicas y normales del día a día”. Es el calvario por el que está pasando Silvia, investigadora y bioquímica, tras haber contraído el coronavirus.

No es la única. Andrea, una joven, cuenta que antes “estudiaba 12 horas diarias para opositar. Pero hace más de 215 días que no consigo ni leer”. Sus casos se replican por todo el mundo.

Tras la avalancha de síntomas físicos provocados por la Covid, algunas personas no logran vislumbrar la luz al final del túnel. Meses después de que sus pruebas indicaran que habían pasado el virus, no logran recuperarse: padecen Covid persistente

Jennifer Delgado

mar., 17 de noviembre de 2020 8:32 p. m. CET

Uno de los síntomas más comunes de la Covid persistente que más angustia y discapacidad causa es la niebla mental. [Foto: Getty Images]

No puedo leer ni dos líneas; es muy difícil de explicar. Trabajo fundamentalmente con el cerebro y no soy capaz de hacer las cosas básicas y normales del día a día”. Es el calvario por el que está pasando Silvia, investigadora y bioquímica, tras haber contraído el coronavirus.

No es la única. Andrea, una joven, cuenta que antes “estudiaba 12 horas diarias para opositar. Pero hace más de 215 días que no consigo ni leer”. Sus casos se replican por todo el mundo.

Tras la avalancha de síntomas físicos provocados por la Covid, algunas personas no logran vislumbrar la luz al final del túnel. Meses después de que sus pruebas indicaran que habían pasado el virus, no logran recuperarse: padecen Covid persistente.



El malestar que experimentan les impide retomar su vida cotidiana. Aunque el cuadro sintomatológico es muy amplio, uno de los síntomas más comunes que más angustia y discapacidad causa es la niebla mental.

El síntoma que impide pensar, planificar, recordar, vivir…

Durante la primera ola de la pandemia se hablaba en términos binarios: pasas un cuadro leve y te recuperas rápidamente, o te enfermas de gravedad y terminas en una UCI. Meses después estamos descubriendo que las consecuencias y secuelas de la Covid-19 son mucho más complejas.

Una encuesta realizada por la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia reveló que las alteraciones neurológicas y los problemas psicológicos y emocionales afectan al 86 % de las personas con Covid persistente. La astenia, la falta de concentración, el déficit de atención y los fallos de memoria son algunos de los síntomas más comunes.

La niebla mental es una condición en la cual mengua el funcionamiento cognitivo. El cerebro no trabaja a su ritmo habitual, sino que funciona a cámara lenta, como si encontrara obstáculos constantemente a su paso. La persona experimenta confusión mental y no puede pensar con claridad.

Los síntomas más comunes asociados a la niebla mental son:

  • Confusión o fatiga mental

  • Dificultades o incapacidad para concentrarse

  • Pensamiento demasiado lento

  • Problemas de memoria, olvidos y despistes

El resultado es una reducción de la energía mental y un estado de conciencia disminuido marcado por la confusión y desorientación. Aunque se trata de un deterioro cognitivo leve, puede tener un gran impacto en la calidad de vida de una persona.

De hecho, quienes padecen niebla mental afirman que es una condición paralizante ya que no pueden pensar con la claridad suficiente como para hacer algo. No logran trabajar más de una o dos horas al día y tareas tan simples como salir de casa, hacer la compra en el supermercado o incluso escribir un correo electrónico se convierten en un desafío colosal.

La niebla mental afecta sus funciones ejecutivas, la capacidad para tomar decisiones, la memoria e incluso el recuerdo de palabras. A algunas personas les resulta difícil recordar las tareas que deben hacer, confunden las palabras e incluso olvidan el nombre de familiares y amigos.

La niebla mental y el resto secuelas neurológicas que está dejando a su paso la Covid ha hecho que muchas personas sientan que se han convertido en una sombra de su antiguo “yo”. Se limitan a sobrevivir, con la esperanza de que esos síntomas vayan desapareciendo con el paso del tiempo.

¿Por qué la Covid-19 causa niebla mental?

La niebla mental puede estar causada por diferentes factores. Afecciones médicas como la fibromialgia o enfermedades autoinmunes como el lupus se han asociado a este síntoma. También puede deberse a cambios hormonales como los que se producen durante la menopausia o el ciclo menstrual. Y es relativamente habitual en trastornos psicológicos como el estrés y la ansiedad.

Ahora también se ha vinculado a los casos de Covid persistente. De hecho, aunque el SARS-CoV-2 causa una enfermedad eminentemente respiratoria, afecta a múltiples sistemas de órganos, incluido el sistema nervioso central, por lo que termina causando complicaciones neurológicas.

Una investigación desarrollada en el Reino Unido y publicada en The Lancet reportó desde casos de encefalopatía y encefalitis hasta un síndrome neurocognitivo similar a la demencia en personas que han pasado la Covid-19.

Otro estudio de la Facultad de Medicina de Yale encontró “una clara evidencia de infección con cambios metabólicos en las neuronas infectadas y vecinas”. Estos investigadores detectaron SARS-CoV-2 incluso en las neuronas corticales, lo cual demuestra la capacidad neuroinvasiva del virus.

Todavía no se conoce exactamente cómo el virus llega al cerebro. Investigadores de la Universidad de Edimburgo y el University College de Londres explican que pueden existir tres vías. Un primer mecanismo sería a través del torrente sanguíneo al infectar células endoteliales o leucocitos. También podría llegar por vía neuronal retrógrada, en cuyo caso el virus accedería al sistema nervioso central infectando las neuronas periféricas que se encuentran en los nervios y ganglios nerviosos. Una tercera vía de acceso al cerebro sería a través de la ruta olfativa mediante los nervios que se extienden entre la cavidad nasal y el cerebro.

Una vez en el cerebro, tampoco está claro el mecanismo de acción a partir del cual este coronavirus provoca los síntomas neurológicos que se han constatado en los casos de Covid persistente. Una posibilidad es que el virus infecte las células cerebrales y bloquee el suministro de oxígeno a las células adyacentes. No obstante, el daño también podría estar causado por un proceso de neuroinflamación cuando el cuerpo responde de manera desproporcionada ante la infección desencadenando una respuesta inflamatoria dramática que termina dañando las células nerviosas.

Consejos prácticos para lidiar con la niebla mental

Lidiar con la niebla mental es complicado, sobre todo porque las personas con Covid persistente también experimentan otros síntomas debilitantes como malestar generalizado, dolores de origen neuropático y un comprensible desgaste emocional tras meses lidiando con las secuelas de la enfermedad.

Sin embargo, los factores emocionales pueden agravar esta condición, por lo que es importante replantearse el estilo de vida. Ante todo, comienza con una rutina de ejercicio físico. Si experimentas fatiga, dolores musculares y abulia, será complicado ponerte en marcha, pero no tienes que plantearte sesiones maratonianas. Un paseo corto basta para comenzar. Recuerda que las endorfinas que se liberan con el ejercicio pueden ayudarte a despejar esa niebla mental y sentirte mejor.

Un cambio en la dieta también podría ayudarte. Aunque todavía no se conocen los efectos de la alimentación sobre las secuelas de la Covid, un estudio desarrollado en Bélgica reveló que una dieta enriquecida con ácidos grasos omega-3 mejora el síndrome de fatiga crónica ya que estos facilitan las conexiones neuronales y protegen las células cerebrales.

Otro estudio publicado en la revista Neurology reveló que incluir en la dieta verduras de hoja verde como las espinacas previene el deterioro cognitivo. A la vez, debes evitar aquellos alimentos que producen inflamación, como las grasas trans, los carbohidratos procesados, el alcohol, las carnes procesadas y el azúcar.

También es importante que elimines todas las distracciones posibles, de manera que puedas concentrarte solo en una tarea a la vez, lo cual implica apagar el móvil para que los mensajes y avisos no te desconcentren.

Para retomar tu rutina con cierta normalidad, te ayudará tener sistemas de recordatorios redundantes. Por ejemplo, puedes tener varios calendarios en casa donde anotes las citas importantes, además de la agenda del teléfono. Así podrás revisarlos frecuentemente para que no olvides nada.

Usar temporizadores también puede ser de gran ayuda. Los relojes de alarma, las alarmas de teléfonos móviles o incluso un temporizador de cocina te permitirá no perder la noción del tiempo y le recordarán a tu cerebro que debe actuar.

Para lidiar con las actividades abrumadoras, divídelas en tareas más pequeñas que puedas gestionar con relativa facilidad. Si te preocupa perderte, haz una lista de verificación antes de comenzar que te sirva como guía. El uso de papel y lápiz para programar y registrar las rutinas diarias añade estructura y apoyo a tu memoria, así que no dudes en recurrir a este recurso cada vez que lo necesites.

Por último, es importante que cedas a la desesperación. La niebla mental puede ser un síntoma muy insidioso y es complicado aceptar que ahora mismo no tienes las mismas capacidades cognitivas que antes. Sin embargo, la frustración solo generará más estrés, que terminará empeorando tu funcionamiento mental.

Date tiempo para sanar. Descansa. Llega hasta donde puedas. Y felicítate por cada pequeño paso que des. Recuerda que no estás en una carrera de velocidad sino de resistencia.