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martes, 19 de abril de 2022

Tener antojo de este alimento podría ser un signo temprano de demencia.

 

Tener antojo de este alimento podría ser un signo temprano de demencia.


A medida que envejecemos, se vuelve cada vez más importante para nosotros realizar un seguimiento de los cambios que ocurren en nuestro cuerpo, ya que a menudo pueden indicar problemas de salud más importantes. Cuando se trata de tratar afecciones relacionadas con la edad, como la demencia, nuestra mejor apuesta es detectar los síntomas tempranos.

Aunque probablemente ya seamos conscientes de que los lapsos en nuestra memoria pueden indicar un problema, los cambios en nuestras preferencias alimentarias también pueden serlo, especialmente si de repente se te antojan los dulces.

De hecho, la ciencia sugiere que las personas con un tipo específico de demencia llamada demencia frontotemporal o DFT (también se la conoce como enfermedad de Pick) pueden mostrar ataques repentinos de hambre y, en especial, ansiedad por los alimentos dulces.

Muchas personas con este tipo de demencia desarrollan una serie de comportamientos inusuales de los que no son conscientes. Por ejemplo, cambios en la personalidad, conductas inapropiadas en público, impulsividad, apatía, pérdida de empatía, comportamientos repetitivos o compulsivos y cambios en la dieta.

"Las demencias frontotemporales se manifiestan por una combinación de síntomas conductuales y/o del lenguaje (con afasias similares a la diagnosticada a Bruce Willis). Es frecuente que los pacientes con demencia frontotemporal sean erróneamente diagnosticados de trastornos psiquiátricos o de otras enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer", explica de la doctora Ángel Milán, especialista en Neurología de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN).

Independientemente de la forma de presentación de la demencia frontotemporal, finalmente se produce un deterioro en el funcionamiento diario de la persona, que se vuelve cada vez más dependiente para realizar las actividades del día a día.

Por eso, cualquier pequeña señal que pueda ayudar a identificar la enfermedad contribuirá a frenar su desarrollo y ritmo de progresión, ya que la duración de la enfermedad es muy variable, y está muy influida por la forma de demencia frontotemporal que se padezca.

Puede ocurrir que la persona se vuelva menos social, o que su comportamiento en situaciones sociales se vuelva inapropiado o resulte grosero. Pueden mostrarse hiper-sexuales y desinhibidos frente a otras personas, y también puede ocurrir que se pierda el interés por la higiene personal.

Otras situación menos conocida pero que puede revelar demencia frontotemporal es que los hábitos alimenticios cambien, haciendo que estos enfermos empiecen a comer más, tener antojos de cosas dulces, o sientan una necesidad de tener cosas en la boca como cigarrillos o bebida.

En este sentido, hay evidencias de cómo esta demencia afecta a la alimentación. Síntomas como pérdida de apetito que a su vez pueden causar dificultades con la comida, la alimentación y la nutrición.

Por tanto, hay que estar atentos ya que, por lo general, la memoria y el lenguaje no se ven afectados en las primeras etapas de esta forma de la demencia frontotemporal, tal y como recoge la literatura médica, y según explican los Médicos de Familia (SEMERGEN).

Por el contrario, lo que les sucede a quienes sufren esta condición degenerativa del cerebro es que pueden olvidar cómo masticar y tragar o pueden distraerse con su entorno.

La demencia también puede hacer que algunas personas coman en exceso o incluso que desarrollen un apetito insaciable. Y también es muy probable que no experimenten el sabor como antes, lo que provoca un cambio en las preferencias, haciendo que opten por comidas pesadas o azucaradas.

Los estudios muestran que la demencia ataca el área del cerebro, la corteza prefrontal, responsable del autocontrol en la elección de alimentos.

Algunos trabajos, como este en el New England Journal of Medicine, han probado cómo la demencia causa alteraciones en la conducta alimentaria; e incluso sin tener la afección preexistente de diabetes, el azúcar y la demencia siguen estando directamente relacionados y que un nivel de azúcar en la sangre por encima de lo normal puede contribuir a un riesgo elevado de contraer demencia.

Los investigadores creen que esa preferencia por los dulce tiene que ver con la forma en que nuestros cerebros usan la serotonina (conocida como la hormona "feliz"). Este es un síntoma importante a tener en cuenta porque, si bien a la mayoría de las personas se les diagnostica demencia a los 60 años, la DFT puede aparecer mucho antes.

La mayoría de las personas con demencia frontotemporal comienzan a mostrar síntomas entre los 45 y los 65 años”, cuenta a Woman's World Andrew E. Budson, director asociado de investigación en el Centro de Enfermedad de Alzheimer de la Universidad de Boston. En un artículo publicado en Psychology Today, el experto relata su experiencia al tratar a personas con DFT, y habla sobre esa 'obsesión' por los alimentos azucarados, calificándolo como un signo revelador de problema cerebral.

Algunas personas realizan movimientos repetitivos de forma compulsiva, como apagar y encender la luz cada vez que pasan junto a ella”, explica. “Otros muestran un marcado cambio en las preferencias alimenticias (a menudo prefieren los dulces), comen demasiado, fuman o beben alcohol en exceso”.

Otros signos de demencia que no deben ignorarse son:

  • Pérdida de memoria

  • Dificultad para concentrarse

  • Le resulta difícil realizar tareas cotidianas familiares, como confundirse sobre el cambio correcto al comprar

  • Luchando para seguir una conversación o encontrar la palabra correcta

  • Estar confundido acerca del tiempo y el lugar

  • Cambios de humor.

Ante cualquiera de estos cambios, lo más importante es acudir al médico y obtener un diagnóstico, ya que cuando se trata de tratar la demencia, el diagnóstico temprano es clave.

Con esto en mente, todos debemos asegurarnos de controlar nuestra salud cerebral prestando atención a todos y cada uno de los cambios en nuestro comportamiento y preferencias, ya que incluso algo aparentemente no relacionado como los antojos de alimentos podría ayudarnos a identificar una enfermedad.

El médico de Atención Primaria debe proporcionar soporte médico y emocional adecuado al enfermo y a su familia. Una vez que se tiene un diagnóstico es importante, en familia, realizar un plan de cuidados para la persona, tomando en cuenta las sugerencias del médico y las necesidades de la persona. Como en todas las demencias, se recomiendan las terapias no farmacológicas y la educación por parte de la familia, ya que una familia que sabe cómo tratar con este tipo de demencia puede mejorar mucho la calidad de vida de la persona afectada. También es importante buscar ayuda en Asociaciones de Pacientes.


martes, 1 de marzo de 2022

Cuánto duran las sobras en la nevera sin descomponerse o antes de echarse a perder.

 

Cuánto duran las sobras en la nevera sin descomponerse o antes de echarse a perder.



La comida no se tira, ¿verdad? Desde hace unos años nos han metido en la cabeza que tirar las sobras es un sacrilegio. Nos lo han grabado a fuego. Pero cuidado porque la fiebre del consumo responsable que nos lleva a reciclar y reutilizar las sobras de comida para ahorrar y evitar el despilfarro alimenticio puede tener consecuencias.

Incluso aunque estén cocinados y guardados en la nevera, los alimentos tienen fecha de caducidad. Así que más vale conocer el tiempo de conservación de cada tipo de alimento para aprender a detectar su descomposición antes de que muestren señales visibles de que se están pudriendo.

Hay que tener claro el tiempo máximo que podemos guardar en la nevera las sobras de una comida, sin esperar a que huelan mal o tengan moho. Aunque la pudrición es un proceso natural por el que todos los alimentos pasan si se dejan expuestos a los elementos, definitivamente no querrás comer alimentos que sospeches que están en mal estado. Y es comod decimos, el proceso de descomposición es una parte natural del ciclo de vida de todos los alimentos y es fácil de detectarlo mediante el olfato, el gusto, la sensación o la vista. ¿Seguro?

No, no siempre es tan fácil ya que, tal y como recoge un artículo de la Clinica Mayo: "A veces, las bacterias en productos contaminados no suelen cambian el sabor, el olor ni el aspecto de los alimentos", por lo que si las toxinas no se ven, no huelen y no saben, no es tan evidente saber si estos han comenzado a estropearse.

Sin embargo, es necesario deshacerse de cualquier alimento que pueda estar podrido para evitar la posibilidad de intoxicaciones y enfermedades transmitidas por alimentos, donde han empezado a aflorar los microorganismos debido a factores como el agua, aire, temperatura… etc.

Así que hay que tener algunas ideas muy claras. Por ejemplo, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), los platos cocinados tienen que consumirse o ser guardados en el frigorífico en un plazo no superior a dos horas para evitar la proliferación de bacterias; y las sobras pueden guardarse un máximo de dos o tres días en la nevera.

Antes de guardar las sobras...

  1. Puedes esperar una hora como máximo para que las sobras de comida se atemperen un poco, en el caso de que sean platos recién cocinados y estén muy calientes.

  2. Después, pásalos a recipientes bien cerrados, preferiblemente de cristal o vidrio.

  3. Nunca dejes los restos en los propios recipientes de cocinado, como ollas o sartenes, ya que en estos casos los materiales no son los más adecuados para la conservación de los alimentos y pueden introducirse contaminantes en la comida.

Además, para conservar las sobras de comida en óptimas condiciones es muy importante hacerlo a la temperatura idónea y no amontonar los alimentos para que el aire circule entre ellos y refrigeren rápida y eficazmente.

El frío es nuestro mayor aliado, ya que ralentiza los procesos biológicos que permiten la proliferación de bacterias y otros microorganismos responsables de su degradación. En la nevera, las carnes y pescados deben mantenerse entre 1 y 4 °C y el resto de alimentos entre 5 y 8 °C.

Para que te hagas una idea, este es el tiempo aproximado que suele aguantar cada alimento en la nevera, según la OCU:

  • Filetes de ternera: 2-4 días.

  • Pollo o pavo: 1-2 días.

  • Carne picada: 1-2 días.

  • Fiambre y embutidos: 3-6 días.

  • Platos preparados: 2-4 días.

  • Salsas y caldos: 2-3 días.

  • Sopas: 2-4 días.

  • Pescado azul o blanco: 1-2 días.

Hemos consultado con Beatriz Robles, experta en seguridad alimentaria, para ver si coincidía en estos tiempos. Más o menos es lo mismo, aunque Robles aconseja no apurar y recortar un poco estos tiempos ciñéndose a estas recomendaciones:

Sobras de carnes: Carne roja entera, 4 días. Carne roja picada y carne blanca, 2 días. Loncheado, 4 días cocinado, y 1 día en crudo.

– Huevos: Primero ver siempre el consumo preferente indicado en la cáscara. Cocidos, 7 días en la nevera. Cocinados, 3 días en frío.

– Pescado fresco, 2 días. Cocinados, 4 días. Y conservas (latas ya abiertas hay que mover a otro envase), 4 días.

– Patatas, si son crudas fuera de la nevera. Y cocidas y al horno, mejor consumir en el mismo día, manteniéndolas fuera de la nevera.

– Sopas y caldos, 4 días.

– Salsas: solo duran 1 día.

Por su parte, desde el Consejo Europeo de Información Alimentaria recuerdan que como norma general "es importante comerse las sobras dentro de 2 a 3 días. Excepto para los platos de arroz, que solo duran un día". Esto se debe a que el arroz puede contener esporas que pueden sobrevivir a la cocción y estas esporas pueden convertirse en bacterias. Cuanto más tiempo guardes las sobras de arroz cocido, más probable es que las bacterias lo conviertan en algo no apto para comer.

Robles coincide en que el arroz y las pastas son las sobras más peligrosas para conservar, "ya que no huelen ni aparentan mal aspecto, pero crecen en ellos microorganismos no alterantes y dan lugar a molestias intestinales. Deberían estar en nevera un día solo".

En cuanto a los guisos a base de legumbres como los garbanzos o lentejas, ten en cuenta que duran en la nevera entre 3 y 4 días. En este caso, es mejor conservarlos en las baldas superiores.

Y es que la higiene y el orden en la nevera es otro aspecto fundamental para conservar bien las sobras. Además de mantener los alimentos ya cocinados tapados en el frigorífico, para evitar que se contaminen con otros crudos o al abrir y cerrar la nevera, debes tener cuidado con el lugar que ocupan esos tuppers con sobras.

Los platos de carne y pescado suelen necesitar temperaturas más bajas, así que deja espacio libre en los estantes más fríos del frigorífico; serán los estantes más altos en los frigoríficos más tradicionales, o los más bajos, en los más modernos, tipo combi, justo al lado del congelador.

E insisto, no pierdas de vista la 'regla de las 2 horas': ya sean sobras, comida para llevar o recién comprada, es importante enfriar y colocar los alimentos en el refrigerador dentro de las 2 horas siguientes.

Además, cuando vayas a guardarlos, extrema las precauciones y no utilices las manos sucias o cubiertos que tengan restos de alimentos, como los que has usado para comer o para servir la mayonesa y otras la salsa. Estarás contribuyendo a su contaminación, así que haz el traspaso de la sobras con unos limpios.

Volviendo a los tiempos que aguantan los alimentos, un buen truco para que las sobras no se echen a perder es anotar la fecha del día en que los metiste dentro de la nevera. Y puedes poner en rojo el día límite para su consumo. Y si sabes con certeza que vas a tardar en consumir ciertos restos de comida, es mejor que optes por congelarlos antes de tenerlos durante días olvidados por la nevera.

Está claro que hay que minimizar el tiempo de estancia de las sobras en nuestra nevera, para lo que hay que empezar por cocinar lo justo o bien congelar sobre la marcha lo que no vayamos a consumir. El despilfarro de alimentos no es una buena práctica, pero comer alimentos en mal estado tampoco.

"Sobras con mal aspecto, hay que tirarlas; sobras con buen aspecto pero con duda sobre su estancia en la nevera, hay que tirarlas; y sobras con buen aspecto pero con varios días en la nevera, hay que tirarlas igualmente. En esto no hace concesiones", concluye Robles.

martes, 4 de enero de 2022

Lo que siente una persona que deja el azúcar por un tiempo y lo vuelve a probar

 

Lo que siente una persona que deja el azúcar por un tiempo y lo vuelve a probar



Dejar el azucar es una de las decisiones más difíciles que hay en lo que respecta a la dieta debido a la dependencia que genera y a que está oculto en muchos alimentos que tomamos habitualmente. Mucha gente se lanza a esta aventura para bajar de peso o por cuestiones de salud. Otros lo hacen por simple curiosidad, para comprobar si -de verdad- hay algún beneficio detrás de este 'sacrificio'.

La mayoría de quienes lo consiguen lo hacen por convicción: saben que es un producto nocivo y una de las principales causas del desarrollo de diabetes tipo 2, la caries o la obesidad, y no dudan en desterrarlo de su dieta. Sea cual sea la motivación que nos lleve a tomar esa decisión, dejar el azúcar requiere un ejercicio constante de fuerza de voluntad porque es la barrera más difícil de cruzar para llevar una vida y nutrición más saludable.

En este punto es importante señalar que es imposible consumir '0' azúcares (muchos alimentos se convierten en azúcar en el organismo), pero es mucho más valioso consumir azúcar por comer dos manzanas, que por media galleta de chocolate.



Lo que está claro es que el proceso no es fácil y durante el mismo se suele pasar por distintas fases. Al principio cuesta mucho porque el azúcar es como una recompensa para nuestro cerebro ya que activa los circuitos neuronales y libera la producción de las hormonas del placer, la serotonina y la dopamina.

En otras palabras, el azúcar te hace sentir bien emocionalmente, a pesar de los efectos secundarios negativos que puede provocar un consumo excesivo como dolores de cabeza, caídas de energía e incluso desequilibrios hormonales, según Healthline.

Por eso, cuando comes cosas dulces, tu cerebro se acostumbra y te pide más. Esto hace que te metas en un espiral que te empuja a tomar alimentos dulces por mera ansiedad o ganas. Lo bueno es que cuando reduces el azúcar, este impulso también se reduce, aunque cuesta aguantar el tirón.

Al dejar de tomar azúcar se producen efectos similares a cuando las personas dejan las drogas y sufren el síndrome de abstinencia. Se puede experimentar agotamiento, dolores de cabeza e irritabilidad. Algunas personas incluso tienen malestar gastrointestinal.



Es durante esta etapa temprana de "abstinencia del azúcar" cuando aparecen síntomas tanto mentales como físicos, que incluyen depresión, ansiedad, confusión mental y antojos, junto con dolores de cabeza, fatiga y mareos. 

La duración de estos síntomas de abstinencia desagradables después de una "desintoxicación" del azúcar varían. Algunas personas se adaptan rápidamente a funcionar sin azúcar, mientras que otras pueden experimentar antojos intensos y les resulta muy difícil resistirse a los alimentos azucarados.

El cambio en el equilibrio químico del cerebro está detrás de estos síntomas porque "a medida que se elimina el azúcar de la dieta, la rápida reducción de los efectos de la dopamina en el cerebro interfiere en el funcionamiento normal de muchas vías cerebrales diferentes", según cuenta James Brown, profesor de biología y ciencias biomédicas en la Universidad de Aston (Birmingham, Reino Unido) en este artículo de la BBC.

Aunque la base de estos síntomas no se ha estudiado en profundidad, es probable que también estén relacionados con las vías de recompensa en el cerebro. Aunque la idea de la "adicción al azúcar" es controvertida, la literatura científica sugiere que, al igual que otras sustancias adictivas, el azúcar puede inducir atracones, ansias y ansiedad por abstinencia. Pero la mayor parte de la investigación que existe en esta área se centra en animales, por lo que actualmente es difícil decir si sucede lo mismo en humanos.

Los médicos advierten que las 'dietas de eliminación' no son cómodas y que se tarda de tres a seis semanas en empezar a notar los resultados. De hecho, el proceso de eliminar 'irritantes populares' como los lácteos, el gluten, el maíz, la soja, el azúcar, el alcohol o el café, y volver a introducirlos lentamente es uno de los pocos métodos ampliamente aceptados para determinar cuestiones relacionadas con los alimentos, tal y como publica Well+Good.

En el caso del azúcar, mientras lo dejas notarás que la comida ya no te sabe como antes, y tendrás que ir adaptándote poco a poco al sabor propio de los alimentos "sin endulzarlo con esas cucharadas extra". Se recomienda ir modificando progresivamente el umbral de dulce de todo lo que nos llevamos a la boca.

Podemos hacerlo "disminuyendo la cantidad de forma paulatina, sustituirlo por canela, esencia de vainilla para bebidas y ralladura de coco, frutas secas, frutas frescas, tubérculos como boniato o batata, canela y/o esencia de vainilla para endulzar sólido como un dulce casero o sustituirlo por edulcorantes", explica a Telva Eva Mª Bautista, nutricionista de Blua de Sanitas.

Puedes elaborar recetas y postres caseros con la mitad de azúcar de la receta, lo cual te ayudará a reducir su consumo e ir aminorando las dosis de forma progresiva. Esto te ayudará a saborear el alimento o bebida tal cual es, al tiempo que evitas que te provoque ansiedad. Pero debes saber que, a menudo, esa reducción de azúcar viene con un efecto secundario importante y no deseado: fatiga.

Una de las principales razones por las que muchas personas se sienten cansadas es porque han dependido del azúcar (y los carbohidratos) para obtener energía rápida y, una vez que los eliminan, se dan cuenta de cómo su cuerpo funciona sin estos alimentos y no es bonito. "Yo llamo a estos alimentos 'falsos incendios' porque le dan una falsa sensación de energía", dice la doctora Sommer White. "Realmente no ves lo que hay debajo de ese fuego falso hasta que lo eliminas y entonces realmente puedes ver cuál es tu nivel real de energía".

En algunas personas, además, se pueden presentar episodios de tristeza e incluso síntomas de depresión, pero como decíamos, solo se trata de una fase en la que nuestro organismo se tiene que acostumbrar ya que los niveles de glucosa, dopamina y serotonina se ven alterados al reducir el azúcar. Este periodo suele durar aproximadamente una semana.

La parte buena es que si consigues superarlo un mundo nuevo se abrirá ante ti. Apreciarás mejor otros sabores, ya que comer cosas dulces mantiene tus papilas gustativas sobrecargadas por el dulzor, por lo que muchos alimentos que tienen otros tipos de sabores te parecerán mucho más deliciosos al cabo de unas semanas de haber reducido el consumo de azúcar.

También empezarás notar muchos otros cambios a nivel general. Las primeras semanas (aparte de acostumbrarte a los nuevos sabores) es probable que te sientas un poco confuso y que los días se te hagan algo más largos y pesados.

Pero una vez que has pasado el rubicón, te cansarás menos y sentirás que recuperas la energía de tus años mozos, ya no te costará tanto afrontar el día porque te librarás de los bajones anímicos. Y al desaparecer estos bajones, ya no buscarás tomar algo dulce por la tarde para superarlos.

Hay que dejar claro que los beneficios no son inmediatos pero "después de una semana más o menos, tu energía comenzará a mejorar y te sentirás más vivo y menos irritable", confirma a Insider el doctor Robert Glatter. 

Si eres constante y sigues sin añadir azúcar a tus platos y recetas,, la comida te va a saber mucho mejor. Y hay otro efecto asombroso: te notarás menos hinchado.

La inflamación crónica es una respuesta de nuestro cuerpo y de nuestro sistema inmunitario que favorece la aparición de ciertas enfermedades como el cáncer. Por eso una de las consecuencias más notables cuando reduces el azúcar es notar una mejora del estado de la piel, porque la inflamación disminuye y se fortalece la formación de elastina y colágeno. También dormirás mejor, no te marearás tan fácil si te levantas de golpe y podrás hacer más actividades físicas sin sentirte mal o agotado tan pronto.

Otra de las ventajas de reducir el consumo de azúcar es que se suele perder peso, sobre todo si se lleva una dieta equilibrada, puesto que los alimentos ricos en este componente son muy calóricos. La función del hígado también mejora (los dulces provocan una actividad constante del páncreas que tiene que segregar insulina para equilibrar los niveles de glucosa en sangre) y se reduce considerablemente la posibilidad de sufrir un accidente cardiovascular. 

No obstante, recuerda que lo mejor es llevar una dieta equilibrada, sin dejar el azúcar por completo. Al consumirse de forma equilibrada, aporta energía de rápida utilización al metabolismo. Es decir, el azúcar no es un producto dañino, sí las dosis que se toman. Por eso, aunque al principio cueste, merece la pena acostumbrarse a comer sin endulzarlo todo. Ser consciente de ello te ayudará a eliminar progresivamente, y evitar el exceso.

Sabrás que vas por buen camino o que lo has conseguido porque según cuenta algunas personas que han dejado el azúcar en este artículo de Vitónica, cuando te pases con el azúcar o lo vuelvas a probar te producirá rechazo. Y es que la tolerancia hacia lo dulce habrá disminuido y las cosas que llevan demasiado azúcar te empacharán. Esto es así porque "las papilas gustativas ya no están sobresaturadas y se han vuelto mucho más sensibles a los alimentos dulces". Por eso te costará tomarte el postre de menú hasta el punto de que con un par de cucharadas del flan tendrás suficiente. La sensación de saciedad llega mucho antes y es mucho más satisfactoria.

sábado, 13 de noviembre de 2021

¿Qué relación tiene el frío con el catarro y la gripe?

¿Qué relación tiene el frío con el catarro y la gripe?

Las bajas temperaturas provocan una serie de situaciones que causan que los virus que se trasmiten por vía respiratoria nos afecten más

Al principio se pensaba que era solo el frío, pero hay varios estudios que indican que las bajas temperaturas por sí mismas pueden hacer, además, que los virus se hagan más resistentes. El catarro o resfriado común está producido por diferentes tipos de virus: rinovirus, adenovirus e incluso por algunos tipos de coronavirus (diferentes al SARS-COV-2 que provoca la covid) y la gripe por el virus de la influenza. Lo que ocurre con las bajas temperaturas es que la mucosa de la nariz se seca, se hace más frágil y por eso funciona peor como barrera para la entrada de estos virus.

Por otro lado, como te decía al principio, los virus tienen una cubierta lipídica que con el frío se hace más resistente. Y además, la hipotermia por sí misma, es decir, el descenso de la temperatura corporal también disminuye en parte el buen funcionamiento del sistema inmunológico. La proteína que predomina en la mucosa es la inmunoglobulina A, si el virus es más resistentes, si la nariz se hace más frágil, entonces la inmunoglobulina A trabaja peor. Y si a eso le añadimos que el propio sistema inmunitario pierde algo de su eficacia, tenemos una situación que, efectivamente, provoca un aumento de catarros, en otoño, y gripes, en invierno.

A todo esto hay que añadir que cuando bajan las temperaturas pasamos más tiempo en espacios cerrados con otras personas y eso siempre favorece la circulación de estos virus que se propagan por vía aérea de persona a persona. Esto es igual para los catarros comunes y para la gripe, pero la gripe llega más tarde: en enero o febrero, aunque algunos años se adelanta a finales de diciembre.

Realmente no es el frío el que afecta directamente, sino que las bajas temperaturas provocan una serie de situaciones que son las que causan que los virus que se trasmiten por vía respiratoria nos afecten más.

Si este año seguimos usando las mascarillas en interiores es muy probable que no haya una ola importante de catarros y gripes. Pero siempre que tengamos cuidado, que usemos correctamente la mascarilla, que nos lavemos las manos y continuemos con el resto de medias de higiene adoptadas para frenar la epidemia de COVID-19. Y es que, como se trasmiten de la misma manera, esas medidas sirven de barrera también para los virus que provocan los resfriados y las gripes. No parece que la incidencia vaya a ser tan baja como lo fue el año pasado porque ya estamos sin mascarilla en la calle y los aforos que se están permitiendo ya son prácticamente del 100%. Y por mucho que el aire se renueve, todos deberíamos llevar mascarilla. También las terrazas son otro foco de contagio porque estamos muy cerca unos de otros y nos quitamos la mascarilla para comer y beber e incluso para hablar, y entonces salpican gotitas. En mi opinión, deberíamos seguir llevando mascarilla por lo menos hasta el mes de marzo. Si lo hacemos así, va a seguir habiendo gripes y catarros, pero va a disminuir la trasmisión. Es una manera de ponerles barreras físicas a los virus que resulta muy eficaz y sí puede disminuir considerablemente la cantidad de catarros comunes y gripe.